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Detrás del respaldo a la gestión, el FMI le viene a exigir a Milei tres puntos clave para sostener el programa conjunto




La llegada de Kristalina Georgieva a fines de este mes es vista como un gesto de apoyo político al gobierno de Javier Milei, pero también como una auditoría directa de la número uno del Fondo Monetario Internacional (FMI) para garantizar que los puntos clave del programa conjunto efectivamente se cumplan. Ante las demoras que exhibe el Ejecutivo, el desembarco de la directora gerente buscará presionar sobre el terreno por el avance de las reformas estructurales de fondo pactadas con el organismo.

Aunque elogioso del superávit fiscal y la desaceleración inflacionaria del programa que lleva adelante Luis Caputo como ministro de Economía, la entidad crediticia tiene puntos de insistencia, revisión a revisión, que busca sean cumplidos. El exdirector del Departamento del Hemisferio Occidental del FMI, Claudio Loser, señaló a PERFIL que “Georgieva hablará con Milei para pasarle algún mensaje en la parte estructural”.

Según su visión, la titular del organismo exigirá acelerar dos materias pendientes de la agenda multilateral: la reforma tributaria y la reforma previsional. Un reclamo que el Fondo repitió en la letra chica del último staff report, donde los técnicos advirtieron sobre la necesidad de profundizar las reformas estructurales para dotar de sostenibilidad al anclaje fiscal, remarcando que el sistema impositivo argentino continúa siendo ineficiente y gravoso, mientras que la dinámica previsional exige cambios de fondo ante la licuación de los haberes.

El “déficit cero” bajo la lupa contable y el frente externo

En ese examen sobre las cuentas públicas locales, el FMI también planteó discrepancias metodológicas severas respecto a la magnitud del superávit que exhibe el equipo económico mes a mes. “Esta medida excluye los pagos de intereses de los bonos cupón cero, que se registran por debajo de la línea”, indicaron los técnicos y revelaron: “Incluir el componente real de los intereses capitalizados por encima de la línea elevaría el déficit global a cerca del 0,8 por ciento del PIB”. Para el Fondo, el déficit cero actual es una construcción contable sujeta a revisión.

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Otro de los puntos en los que podrá hacer foco Georgieva tiene que ver con el frente externo. De acuerdo al documento, este exhibe una fragilidad estructural que relativiza las compras diarias de divisas del Banco Central (BCRA). El staff alertó sobre una “débil cobertura de reservas y la falta de acceso sostenido a los mercados internacionales de capitales en medio de considerables obligaciones de deuda en moneda extranjera”. Si bien la entidad reconoció que el sector público aceleró la compra de divisas hacia el inicio del ejercicio 2026 sumando unos USD 7.500 millones, determinó que los buffers de resiliencia ante shocks externos siguen siendo insuficientes para levantar el cepo cambiario con seguridad.

Tasa de interés, inflación y el fantasma de 2027

Además, indicaron que mientras el BCRA mantiene su estrategia de agregados monetarios, “el marco monetario debería evolucionar para permitir una mayor flexibilidad del tipo de cambio y una mayor dependencia de la tasa de interés como herramienta clave de política, donde los objetivos de inflación reemplazarían eventualmente a los agregados monetarios como ancla nominal”. Es decir: el Fondo busca que el Gobierno utilice metas de inflación como forma de dominar al fenómeno, tal como hizo el entonces Central de Mauricio Macri y terminó en el fatídico 28D.

Los funcionarios argentinos le respondieron en el mismo staff report que por ahora adoptarán “una postura pragmática y no consideran que la fijación de objetivos de inflación sea viable a corto o mediano plazo”. En paralelo, el Fondo explicitó la falta de sintonía en las proyecciones macroeconómicas básicas cuando subrayó que las autoridades locales “creen firmemente” que la inflación convergerá a niveles internacionales en el mediano plazo, una visión que choca de frente con las estimaciones sustancialmente más cautas del staff.

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Aunque quizás, la temperatura más nítida que vendrá a medir la economista búlgara a Buenos Aires a fines de julio resida en la evaluación del riesgo político que trazaron los analistas de Washington un par de meses atrás. En abierto contraste con el axioma oficialista de que las fuerzas opositoras “no vuelven más”, los técnicos señalaron que las “incertidumbres políticas antes de las elecciones presidenciales de 2027 podrían provocar salidas de capital y desacelerar o revertir el impulso de las reformas, especialmente si se estanca el progreso en el fomento del empleo y los ingresos reales”.

El doble estándar de Washington y el termómetro social

Fuentes que mantuvieron contacto directo con altas autoridades del Fondo confirmaron en oportunidades anteriores a PERFIL que la estrategia regulatoria del organismo se posa sobre un doble estándar clásico. Por un lado, la conducción política de la entidad se alineará sin fisuras con la posición geopolítica del Tesoro de los Estados Unidos, cuya premisa es sostener la estabilidad de Milei bajo cualquier circunstancia macroeconómica. Por el otro, la burocracia técnica no cederá en sus observaciones de diseño del programa y continuará plasmando en cada revisión las deficiencias del plan económico para cubrirse ante un eventual descarrilamiento financiero.

Este escenario de revisión permanente tiene antecedentes inmediatos. En febrero de 2024, a poco de la asunción presidencial, la entonces número dos del organismo, Gita Gopinath, desembarcó en la capital nacional para examinar el brutal ajuste fiscal inicial, el cual superaba las propias proyecciones de la entidad. No obstante, en aquella oportunidad, la economista tejió una agenda paralela con líderes sindicales y referentes de la oposición, llevándose un diagnóstico crítico sobre la sostenibilidad social del ajuste, según trascendió por esos días.

Un mes más tarde, el entonces director del Departamento del Hemisferio Occidental, Rodrigo Valdés —desplazado posteriormente tras sistemáticos ataques verbales del presidente Milei—, verbalizó las dudas del organismo durante su exposición en el IEFA Latam Forum en el hotel Four Seasons: “Será necesario calibrar muy cuidadosamente la apertura de las políticas de control del tipo de cambio”, advirtió.

La preocupación por el tejido social no es una variable abstracta para Washington. En el informe técnico de 2026, el Fondo volvió a recalcar que la viabilidad política de la transformación económica de la Argentina está atada a la contención de los sectores más postergados. El staff concluyó que un apoyo social bien focalizado para mitigar los costos del ajuste a corto plazo será “crítico para sostener la continuidad política y el respaldo social” al programa de reformas.

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