Política
Dónde comienza el resultado de una empresa ganadera

En cualquier reunión de productores aparecen rápidamente dos preguntas. ¿Cómo viene la lluvia? ¿Y cuánto vale el ganado? Es lógico. Entre ambas parece resumirse el negocio ganadero.
Sin embargo, entre esos dos extremos ocurre la mayor parte del trabajo de una empresa. Ese trabajo consiste en transformar recursos naturales en producción y producción en resultados económicos.
Ninguna empresa ganadera produce carne de manera directa. Primero transforma agua en vegetación; la vegetación en forraje; el forraje en producción de ganado; y finalmente esa producción en resultados económicos.
Mirada de esta manera, la ganadería deja de ser una sucesión de tareas independientes para convertirse en un proceso de conversiones, donde cada etapa condiciona a la siguiente. Cuando una conversión pierde eficiencia, todo el sistema se debilita. Cuando mejora, sus efectos también se multiplican.
Cada etapa transforma el producto de la anterior. La eficiencia alcanzada en un eslabón condiciona el comportamiento de todos los que siguen.
Por eso establecimientos ubicados en ambientes muy parecidos pueden alcanzar desempeños físicos y económicos muy diferentes. La diferencia comienza mucho antes de llegar al mercado. Comienza en la capacidad del campo para producir (ver Figura 1).
Durante años miramos principalmente dos cosas: la lluvia y el precio del ganado. Ambos continúan siendo determinantes. Pero ambos tienen una característica en común: están fuera del control del productor.
El verdadero espacio de gestión se encuentra entre ellos. Allí se decide cómo utilizar los potreros, cuándo mover el ganado, qué categorías conservar, cuándo vender y cómo organizar la empresa frente a un ambiente cambiante.
El productor no administra solamente ganado. Administra una empresa cuya principal actividad consiste en transformar los recursos disponibles en resultados sostenibles.
La ganadería deja de ser una sucesión de tareas independientes para convertirse en un proceso de conversiones.
Ese rol no es nuevo. Los productores del monte siempre administraron incertidumbre. Cada campaña tomaron decisiones sabiendo que el clima podía modificar el escenario en pocas semanas.
Lo que cambió no fue el oficio. Lo que evolucionó fue el conocimiento disponible para comprender mejor los procesos que esas decisiones ponen en marcha.
Hoy podemos interpretar con mayor precisión cómo responde la vegetación, cómo cambia la oferta forrajera y cómo esas transformaciones terminan reflejándose en la producción y en la economía de la empresa.
La capacidad de producción del campo
Esta forma de interpretar la empresa también cambia la manera de observar el recurso. El suelo y la vegetación dejan de ser solamente el lugar donde ocurre la producción. Constituyen la base sobre la que se apoya toda la empresa.
Desde una mirada económica, esa capacidad forma parte del capital natural del establecimiento. Como cualquier otro capital, puede conservarse, deteriorarse o mejorar.
Podría resumirse en una idea: La capacidad de producción del campo define el potencial físico predominante de la empresa. La gestión determina cuánto de ese potencial logra convertirse en resultados.
La capacidad de producción del campo define el potencial físico predominante de la empresa. La gestión determina cuánto de ese potencial logra convertirse en resultados.
No se trata solamente de conservar el ambiente. Se trata de conservar y mejorar la capacidad del campo para producir.
Cuando esa capacidad aumenta, también aumentan las posibilidades de sostener más forraje, organizar mejor el ganado, reducir el riesgo y generar mejores resultados económicos.
La competitividad de una empresa ganadera comienza mucho antes del mercado. Comienza en la capacidad del sistema para transformar los recursos disponibles en producción.
La competitividad de una empresa ganadera comienza mucho antes del mercado. Comienza en la capacidad del sistema para transformar los recursos disponibles en producción.
Un ambiente sin años iguales
Comprender cómo funciona el Monte es el primer paso para entender cómo funciona una empresa ganadera. Los trabajos de Gustavo Cecchi muestran que la variabilidad climática no constituye una excepción. Es la forma habitual de funcionar de este ambiente. Las series históricas de precipitaciones revelan la alternancia permanente de años húmedos y secos, sin que exista un “año normal” que pueda tomarse como referencia.
La consecuencia es directa. El desafío no consiste en diseñar una empresa para un supuesto año promedio. Consiste en construir una empresa capaz de responder a años diferentes.
El propio Cecchi aporta otra enseñanza igualmente valiosa. Al relacionar las precipitaciones con la producción de forraje y, posteriormente, con la producción ganadera, demuestra que la lluvia explica una parte importante de la respuesta del sistema, aunque no toda. Con precipitaciones semejantes pueden obtenerse resultados distintos.
La misma lluvia, respuestas diferentes. La lluvia constituye el punto de partida. La condición del campo determina cuánto de ese recurso logra transformarse en forraje. Las imágenes representan distintas capacidades de producción dentro de un mismo ambiente, no dos modelos contrapuestos. Foto: HALKIS.
Ese espacio entre el clima y el resultado final es, precisamente, el espacio de la gestión. La lluvia define el potencial. La gestión determina cuánto de ese potencial logra transformarse en resultados.
La lluvia define el potencial. La gestión determina cuánto de ese potencial logra transformarse en resultados.
El campo también tiene historia
El modelo de estados y transiciones desarrollado para el Monte oriental rionegrino ayuda a comprender por qué sucede esto. Los campos cambian como consecuencia de la interacción entre clima, vegetación, suelo e historia de manejo. Cada estado ofrece una capacidad diferente para captar agua, producir forraje y sostener ganado.
Desde una mirada empresarial, esos estados pueden interpretarse como distintas capacidades para realizar la primera conversión del sistema: transformar agua en producción forrajera.
La lluvia no cae sobre un campo abstracto. Cae sobre un campo con historia. Y esa historia influye sobre su capacidad para producir.
La tabla debe leerse de arriba hacia abajo. Cada indicador es consecuencia del anterior. A medida que mejora la capacidad del campo para producir forraje, aumenta la receptividad, mejora el desempeño del stock y crece la producción de carne por hectárea.
La importancia de la Tabla 1 no está en cada número por separado. Está en la relación que existe entre ellos. La mayor cobertura permite producir más forraje. El aumento de forraje amplía la receptividad. Un rodeo mejor organizado convierte ese recurso con mayor eficiencia. Y la producción de carne expresa el efecto acumulado de todas las conversiones anteriores.
No son cinco indicadores independientes. Son cinco etapas de un mismo proceso. La eficiencia no se construye al final de la cadena. Comienza en el primer eslabón.
La eficiencia no se construye al final de la cadena. Comienza en el primer eslabón.
La empresa como un sistema de conversiones
Durante mucho tiempo analizamos por separado el campo, el ganado, el clima o el mercado. Este enfoque propone una mirada diferente. Entender la empresa como un sistema de conversiones.
Cada decisión modifica la eficiencia con que un recurso se transforma en el siguiente. Cada mejora fortalece el funcionamiento del conjunto. Cada pérdida de eficiencia limita las posibilidades de la empresa.
El productor no administra solamente rodeos. Coordina personas, recursos, infraestructura y decisiones para que esas conversiones ocurran de la manera más eficiente posible, aun cuando el clima y el mercado cambien de un año a otro.
En definitiva, gestiona procesos. Y esos procesos terminan construyendo el resultado de la empresa.
De la producción al resultado económico
Hasta aquí recorrimos la primera mitad de ese proceso. Vimos cómo la capacidad del campo se transforma en forraje, receptividad y producción de carne.
Pero ninguna empresa vive solamente de producir kilos. Esos kilos deben convertirse en ingresos, cubrir costos, justificar inversiones y sostener el crecimiento del establecimiento.
El resultado económico no comienza cuando se vende un ternero. Comienza mucho antes. Empieza cuando cada milímetro de lluvia encuentra un campo capaz de transformarlo en forraje; cuando ese forraje sostiene un rodeo eficiente; y cuando las decisiones del productor logran que cada conversión agregue valor a la siguiente.
En la próxima entrega recorreremos la segunda mitad de ese camino para mostrar cómo esas diferencias físicas terminan expresándose en productividad, rentabilidad y estabilidad económica.
(*) Ingeniero Agrónomo Federico Boggio. Director HALKIS Consultores.Email: federicoboggio@halkis.com.ar
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