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EEUU, Malvinas y las infelices consecuencias de delegar la política exterior




Entrevistado en Madrid por el periodista Fernando González, del sitio El Observador, el presidente Javier Milei dio la primera respuesta a la propuesta de los Estados Unidos de disolver el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas, el ámbito en el que año a año la Argentina expone su reclamo y voluntad de negociación por la soberanía de las islas Malvinas. – Estados Unidos pidió la disolución del Comité de Descolonización de las Naciones Unidas. ¿Eso puede complicar la estrategia del Gobierno por Malvinas?, porque en el Comité tenemos abierto y vivo un reclamo de soberanía, -se le preguntó a Milei. – El reclamo por las Malvinas va a estar siempre, independientemente de las instituciones que haya en el mundo. Mientras no nos devuelvan las Malvinas, nosotros vamos a seguir reclamando -respondió el Presidente.

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Un comunicado de la ONU del 15 de octubre último informó que durante la reunión de ese día del Comité Especial de Descolonización, la representante de EEUU solicitó que se pusiera fin al mandato de ese órgano, subsidiario de la Asamblea General, con el argumento de que “ha perdido su razón de ser” y genera gastos innecesarios. La representante norteamericana “calificó algunas de sus actividades como un despilfarro de recursos”, y cuestionó que “si bien más de 80 antiguas colonias se han incorporado a la ONU como Estados Miembros, el Comité ‘funciona como si nada hubiera cambiado’, revisando los mismos textos cada año”, dice el informe. PERFIL publicó la noticia acá. Inflación y actividad: las dos verdades que Milei (al final) reconoció En diciembre de 1965 la Asamblea General de la ONU adoptó la resolución 2065, la primera referida exclusivamente a la cuestión Malvinas. La resolución reconoce la existencia de una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido e invita a ambos países a negociar una solución pacífica a la controversia. Pasada la tragedia de la guerra, desde 1989, la Argentina acude cada junio a la sesión anual del Comité de Descolonización, el que por consenso aprueba una resolución con un llamado a la Argentina y al Reino Unido a reanudar las negociaciones por Malvinas. El canciller Pablo Quirno participó de la última sesión, el 23 de junio: “La República Argentina sostiene, con plena convicción histórica y jurídica, su soberanía sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y sus espacios marítimos circundantes, territorios que se encuentran ilegalmente ocupados por el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte desde 1833”, dijo entonces el ministro. Algo más tarde, en septiembre, el Gobierno elevó la cuestión de las islas a “causa sagrada”. En un giro inesperado, tributo tardío al sentimiento malvinero que envolvió el encuentro mundialista entre las selecciones de fútbol argentina e inglesa, el Presidente anunció en cadena nacional el envío al Congreso de un proyecto de ley de “defensa de la soberanía” en Malvinas, que contempla el endurecimiento de las sanciones a empresas que participen del proyecto Sea Lion, de explotación petrolera en aguas jurisdiccionales argentinas, una iniciativa de los isleños en la que participan compañías de Inglaterra e Israel. Este jueves el canciller Quirno recibió al subsecretario de Estado norteamericano Christopher Landau. Enviado por Washington, Landau confirmó la extendida versión de que los Estados Unidos observa con preocupación el alcance de las sanciones y la manera en que estas puedan afectar intereses de su país. Esa preocupación había sido transmitida al Gobierno por canales oficiales. Es la democracia, estúpido “Obviamente estamos viendo los intereses de nuestras empresas. Es natural que cualquier país se preocupe por eso, pero quiero destacar que respetamos el proceso legislativo de la gran nación argentina”, dijo Landau en una rueda de prensa en el Palacio San Martín. La cancillería impidió el acceso a la conferencia de una periodista del diario Clarín, medio que había anticipado el fin de semana pasado la inquietud norteamericana. La presión de Washington provocó cierto desconcierto en el Gobierno. Quirno, por empezar, la negó. El lunes, por iniciativa del oficialismo, fue suspendido un plenario de comisiones en Diputados que debía emitir dictamen sobre la iniciativa, al que el Gobierno venía dándole centralidad. No estaban los votos, pero sobre todo no había una instrucción precisa sobre de qué manera avanzar, especialmente en lo relativo a las sanciones, capítulo I del proyecto y corazón de la iniciativa. El miércoles, la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, recibió al embajador Peter Lamelas. Recordemos. La sobreactuación del Gobierno en la cuestión Malvinas se disparó después de que el presidente Donald Trump amenazara al gobierno laborista británico con revisar su (opinable) posición de “neutralidad” en torno a la disputa por la soberanía en las islas. Trump buscaba un involucramiento de Downing Street con su aventura guerrera en Irán y garantías sobre el control estratégico de la base británico-estadounidense instalada en la isla Diego García, en el Océano Índico, además del cumplimiento del compromiso británico de elevar el gasto de Defensa, que se extendió a la Unión Europea. Lo cierto es que entrado septiembre, Trump y el primer ministro británico Andy Burnhman se reunieron durante algo más de una hora en un aparte de la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York. Frente a la prensa, Burnham pasó revista de la agenda compartida, que incluyó Malvinas, y valoró la “buena conexión” alcanzada con Trump. El tema Malvinas salió discretamente de la conversación pública entre los dos históricos aliados atlánticos, hasta que Washington lo repuso en una dirección diametralmente opuesta a la del comienzo: ahora advirtiendo a la Argentina sobre los límites que deberá respetar su ímpetu soberanista. Como se mencionó en esta columna, las miradas se posaron en el estratega Santiago Caputo, autor intelectual excluyente del giro malvinero. Una calificada fuente de la oposición advirtió que aquellos que en Estados Unidos habían incentivado a Caputo a avanzar con la cuestión Malvinas “no necesariamente representan los intereses de los Estados Unidos”. Landau parece haberle dado la razón. Para Milei, el futuro es un refugio En la conferencia de prensa conjunta, Quirno mantuvo la línea de Milei respecto de la suerte del Comité de Descolonización de la ONU. Su eventual desaparición “no tiene ningún tipo de mella” en la posición argentina sobre las islas, dijo. Docente e investigador del Conicet en temas estratégicos, Bernabé Malacalza posteó este jueves en X la respuesta indolente que Milei dio durante su bochornosa visita a España sobre la iniciativa norteamericana. “¿Está prohibido expresar una oposición a Estados Unidos? Otro síntoma de delegación de la política exterior (antes que de alineamiento)”, dijo Malacalza. Delegación de la política exterior. Es el concepto clave de esta infeliz historia.

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