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El peso de los prejuicios y el valor del encuentro: Jorge Suárez y Facundo Arana juntos en Visitando al Sr. Green

Dos décadas después de su primer desembarco en Buenos Aires, Visitando al Sr. Green, el conmovedor texto de Jeff Baron, vuelve a iluminar el circuito teatral sobre la avenida Corrientes. En esta oportunidad, la historia reúne a Jorge Suárez en la piel del huraño y solitario Sr. Green y a Facundo Arana encarnando al joven ejecutivo Ross Gardiner, bajo la mirada del prestigioso director Santiago Doria, artífice también de la histórica puesta original. La trama se desencadena a partir de un incidente de tránsito: luego de casi atropellar al anciano viudo, Ross es condenado por la justicia a cumplir un servicio comunitario asistiendo a Green una vez por semana durante seis meses. Lo que comienza como una obligación burocrática e incómoda para ambos, evoluciona hacia una convivencia profunda donde afloran temas como la empatía, la soledad, la familia, la tolerancia y las heridas del pasado. En una charla íntima con Vivo Perfil, la dupla protagónica repasó el significado de este encuentro con el texto, el proceso de trabajo junto al director y los contrastes entre dos generaciones atravesadas por sus propias batallas.
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Un encuentro atravesado por la memoria y la madurez Para Facundo Arana, retomar esta pieza implicó conectar de forma directa con su debut sobre las tablas, aquel hito que compartió años atrás junto al recordado Pepe Soriano. “Descorchamos esta obra acá en Buenos Aires y después fue de gira por todo el país; es una joya. Pepe había dejado la vara altísima y cuando pensaron en Jorge dijimos ‘no hay nada más que hablar’. Hacerla 20 años después me agarra con 20 años de experiencia y habiendo hecho muchas obras. Mi realidad es otra a la de aquel momento y lo vivo con mucha felicidad. Aquel salto de valentía fue aterrador porque era mi primera experiencia en teatro. Hoy, volver a Visitando con todo lo que puedo darle al personaje, entendiendo cada indicación de mi director y subiéndome con este pedazo de bestia al escenario, me hace sentir un malcriado de la profesión”, expresó con la felicidad pintada en la cara.Por su parte, Jorge Suárez valoró el arribo del proyecto a su vida tras superar un delicado cuadro de salud que lo mantuvo apartado de la actividad: “De golpe llegó esta propuesta y la esperé con mucha ilusión. Siento que al personaje le estoy poniendo algo mío bastante doloroso: la vejez que te genera enviudar después de 59 años, quedarte solo en un departamentito de dos ambientes en Nueva York y no tener ganas de comunicarte con nadie”. El conflicto dramático se sostiene en la imposibilidad inicial de ambos hombres para encontrar un punto de contacto. Amarrados a épocas y costumbres distantes, la obligatoriedad del encuentro termina desmantelando sus defensas. “Son dos mundos absolutamente opuestos. A ninguno de estos dos personajes, en el momento en que arranca la obra, le interesa tener al lado al otro; no quieren perder el tiempo con esa persona. Es el desencuentro de base: estar forzado a vincularte con alguien con quien jamás tenderías un puentes por voluntad propia”, explicaron sobre la dinámica que se genera sobre el escenario del Multiteatro (Av. Corrientes 1283, CABA)..En relación a la vigencia del texto y las temáticas que aborda la pieza ambientada en la década de los ’90, Suárez analizó: “Sigue muy vigente. Jeff Baron es un autor muy hábil porque con una historia muy sencilla enhebra toda una situación en la que quedás preso. Decís: ‘¿Cómo hizo este tipo para escribir con tan pocas palabras semejante embrollo?’. Es verdaderamente muy talentoso”.Complementando la visión sobre las barreras sociales y la honestidad de los personajes, Arana remarcó la carga dramática que arrastra Gardiner: “En aquel momento el tema era filoso, castigado y muy doloroso. Mi personaje está muy convencido de quién es, pero en esa época no podía hablarlo en ningún lado; le trajo muchos problemas con la gente que ama y lo perdió todo por decidir ser honesto consigo mismo”. La precisión de la puesta y el valor de la función Abordar una obra que cuenta con una estructura escénica prefijada por su director representó un desafío particular para el elenco, acostumbrado al proceso de exploración colectiva en los ensayos. “Trabajar con Santiago Doria tiene un encanto especial. En el caso de esta puesta, él tiene el espectáculo armado en la cabeza. Para mí fue diferente porque venía de ensayar obras donde sos parte de la creación en movimiento. Acá la puesta ya está definida por el director y eso exige un ejercicio actoral muy complejo, pues él cree en eso profundamente y todo es exactamente como lo ideó”, detalló Suárez. Con funciones de miércoles a domingo desde el 9 de septiembre, la dupla coincidió en el valor transformador que ofrece este tipo de dramaturgia en la oferta cultural de la Calle Corrientes. “Es una obra que no deben perderse, una verdadera joyita. Tienen que venir a verla porque es el ejemplo perfecto de cuando una obra, además de entretener, conmueve profundamente. No te deja irte de paso: te deja pensando, comentando algo en la pizzería o tomando una cerveza, debatiendo sobre lo que acabás de presenciar. Es hermoso cuando el teatro te modifica el cuerpo”, concluyó Jorge ante la tranquila sonrisa de su compañero de escena. La obra tiene producción general de Pipa Produce, Faroni Producciones, Juan Manuel Caballé y Tomás Rottemberg. Encontrá acá más info sobre las entradas.