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El riesgo país se disparó a más de 620 puntos y no encuentra techo por la incertidumbre conómica

En las últimas semanas, el mercado financiero argentino comenzó a mostrar un deterioro más marcado, en un contexto atravesado por una menor acumulación de reservas, señales de desaceleración de la actividad económica y un escenario internacional más exigente para los países emergentes. A esto se sumó el freno de las colocaciones de deuda soberana en dólares y una mayor incertidumbre sobre el escenario económico y político hacia 2027, factores que fueron reduciendo el atractivo de los activos argentinos, lo cual quedó reflejado en el nivel del riesgo país.
En el inicio de la semana, el indicador del JP Morgan argentino llegó a escalar hasta los 640 puntos básicos para terminar en 629 puntos, profundizando una tendencia alcista que se intensificó durante este mes. Desde el 11 de septiembre, cuando se ubicaba en 485 puntos, el índice acumuló una suba de 143 puntos básicos, equivalente a más de 31%. El movimiento refleja el cambio de percepción sobre la deuda local y vuelve a poner en el centro del análisis la capacidad de la Argentina para acumular reservas, sostener el crecimiento y garantizar el financiamiento de sus próximos vencimientos.
Según un informe de Fundación Capital, entre marzo y julio el indicador financiero elaborado por JPMorgan llegó a acercarse a los 400 puntos, en un contexto de consolidación fiscal, mejora de la percepción crediticia y una rápida acumulación de reservas.
A partir de julio, y con mayor intensidad en agosto y septiembre, la tendencia comenzó a revertirse. En ese mes, el indicador había tocados los 402 puntos, el menor registro de la gestión de Javier Milei.
Reservas, elecciones y tasas de Estados Unidos: por qué el riesgo país argentino volvió a superar los 600 puntos
La consultora señala que el reciente deterioro combina factores locales e internacionales: menor acumulación de reservas, desaceleración de la actividad económica y condiciones financieras globales más exigentes. Además, advierte que las colocaciones de deuda soberana en dólares prácticamente se frenaron, una señal que suma tensión de cara al financiamiento de 2027.
En ese escenario, el comportamiento de las reservas ganó protagonismo. Martín Redrado compartió un análisis de Fundación Capital que muestra que las compras netas de divisas del Banco Central pasaron de un promedio diario de US$105 millones en julio a US$ 35 millones en agosto y apenas US$ 13 millones en septiembre, mientras que el riesgo país subió de 415 a 611 puntos durante el mismo período.
La relación también aparece en el informe de Fundación Capital: entre abril y julio, el BCRA compró en promedio más de US$ 2.200 millones por mes y el riesgo país cayó unos 200 puntos básicos. Desde comienzos de agosto, en cambio, con compras inferiores a US$ 1.000 millones mensuales, el indicador trepó alrededor de 200 puntos.
El documento además advierte que el stock de reservas continúa siendo bajo en comparación con otros países de la región. En la tabla elaborada con datos de bancos centrales, Argentina aparece con US$ 48.900 millones de reservas brutas, equivalentes al 7,1% del PBI, y un riesgo país de 611 puntos, frente a spreads sensiblemente inferiores en Brasil, Chile, Perú y Uruguay.
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Menor actividad y financiamiento más caro
El deterioro del riesgo país también coincide con una economía que empezó a mostrar señales más débiles. JPMorgan recortó su proyección de crecimiento para Argentina en 2026 desde 2,7% a 1,5% luego de conocerse el dato de actividad de julio y ahora proyecta una contracción anualizada del 4% para el tercer trimestre. El banco tomó como referencia la caída de 2,9% mensual desestacionalizada y de 1,4% interanual registrada por el EMAE en julio.
Se trató del cuarto número negativo de actividad en 2026, luego de las caídas de febrero (-2,2%), abril (-1,4%) y mayo (-0,6%). En el acumulado de los siete meses del año, la actividad económica presenta un alza del 1,7% respecto del mismo período de 2025.
Según el análisis de Justina Gedikian, analista de renta fija en Cohen Aliados Financieros, la caída borró con creces la leve mejora de junio y dejó al indicador de actividad en su nivel más bajo desde marzo de 2025, 4,1% por debajo de diciembre.
Ese escenario se suma a un contexto financiero internacional menos favorable. Fundación Capital destaca que durante septiembre el riesgo país volvió a la zona de los 600 puntos en paralelo con una suba de las tasas largas de Estados Unidos, que endureció las condiciones para los mercados emergentes.
Al mismo tiempo, el acceso del Tesoro al mercado de deuda en dólares perdió dinamismo. En agosto se colocaron apenas US$100 millones de valor nominal en bonos soberanos hard dollar, con una TIREA de 8,72%, mientras que en septiembre no se ofrecieron instrumentos de este tipo. En abril y mayo, en cambio, las colocaciones habían superado los US$1.000 millones mensuales.
La situación es relevante porque los compromisos del país en moneda extranjera para el próximo año rondan los US$ 25.000 millones entre capital e intereses, mientras que nuevas emisiones aparecen condicionadas por los actuales niveles de rendimiento.
Qué dicen los analistas sobre el nivel actual
Para el analista Franco Marín, los fundamentos de la economía no alcanzan por sí solos para explicar el nivel actual del indicador. El analista destaca el crecimiento del PIB, la balanza comercial y el resultado fiscal, pero señala que el EMBI está particularmente asociado a la percepción de riesgo de default y que, en ese punto, las reservas adquieren un papel central.
“Un riesgo país por encima de los 600 puntos no está fundamentado”, sostuvo Marín, aunque advirtió que la volatilidad política vinculada al calendario electoral continuará siendo un factor relevante para los inversores.
La propia Fundación Capital también plantea que, para que el riesgo país vuelva a bajar, será clave que el Banco Central mantenga el proceso de compras y acumulación de divisas. El informe remarca que un mayor colchón de reservas actúa como cobertura frente a shocks domésticos y externos y reduce la probabilidad de tensiones cambiarias o financieras.
En una línea similar, el economista Amílcar Collante puso el foco en el mercado cambiario. Señaló para PERFIL que el Banco Central viene mostrando un ritmo de compra de reservas menor al que esperaba parte del mercado, aun en un contexto de elevada liquidación del sector agroexportador.
A su entender, esto abre interrogantes sobre cómo se conseguirán los dólares necesarios para atender los compromisos de deuda de 2027 si Argentina todavía no recuperó plenamente el acceso al mercado internacional.
Joaquín Aranguiz, economista de Fundación Libertad, considera que el panorama financiero local se volvió “bastante pesimista” y que puede explicarse por dos componentes: el contexto internacional y los factores idiosincráticos de la Argentina.
“Por un lado, el contexto internacional está en un momento sumamente frágil y volátil. La guerra entre EE.UU. e Irán no alcanza una resolución y el precio del petróleo se mantiene en niveles cercanos a los 100 dólares el barril, lo que genera presiones inflacionarias y por lo tanto aumenta las chances de subas de tasa por parte de la Reserva Federal”, señaló ante la consulta de PERFIL.
A esto, agregó, se suma un fenómeno estructural vinculado con las fuertes inversiones que están realizando las empresas tecnológicas para sostener el desarrollo de la inteligencia artificial. Según explicó, esto generó una competencia por el financiamiento entre el Tesoro de Estados Unidos, que debe financiar sus déficits, y los “hyperscalers”, como Google, Amazon y Meta, que emitieron obligaciones negociables a largo plazo.
En ese contexto, Aranguiz explicó que las tasas más altas en Estados Unidos reducen el atractivo relativo de las inversiones en el resto del mundo y generan un fenómeno conocido como “fly to quality”, que lleva los capitales hacia activos considerados de menor riesgo y castiga especialmente a los mercados emergentes. Esto explica en parte la suba del riesgo país, “simplemente perdimos atractivo por el contexto internacional”, afirmó.
Pero para el economista también existe un segundo componente vinculado específicamente con la Argentina. “La dinámica de la economía real en Argentina viene siendo mala, reflejado en datos de EMAE y empleo. Muchos sectores de actividad no sólo no han recuperado sino que algunos siguen cayendo”, señaló.
Aranguiz aclaró que “no hay una relación directa entre EMAE y Riesgo País”, aunque planteó que un deterioro del nivel de actividad puede modificar las expectativas del mercado sobre el escenario político y, en consecuencia, sobre la deuda soberana.
“Si el nivel de actividad está deteriorado disminuyen las probabilidades de reelección de Milei, y cualquier alternativa es considerada por el mercado como más riesgosa, lo que le resta atractivo a la deuda soberana”, sostuvo. En ese sentido, mencionó como referencia el Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) de la Universidad Torcuato Di Tella, que cayó 5,9% en septiembre.
El economista también planteó que las expectativas del mercado pueden verse afectadas por el temor a que una eventual alternativa política no cumpla con los compromisos de deuda. “Incluso si las posibilidades de reelegir por Milei fueran más altas, si el mercado considera que la alternativa política no va a cumplir los compromisos de deuda si llegara a ganar, la deuda argentina valdría cada vez menos, aumentando el riesgo país”, explicó.
En paralelo, Aranguiz puso el foco en el horizonte de vencimientos. “Poco ha hecho la actual administración, si bien parecen asegurados los vencimientos de este año y el siguiente, no se ha despejado la cancha para 2028 y hacia adelante, lo que dejaría seriamente comprometidos los vencimientos del primer año del siguiente mandato”, afirmó.
Según su lectura, esta situación puede convertirse en un círculo negativo porque la percepción sobre el futuro también termina afectando las perspectivas del Gobierno actual. A eso sumó la volatilidad que podrían generar las elecciones en Brasil y las elecciones de medio término en Estados Unidos.
“De todas formas, falta más de un año para las elecciones generales de Argentina, hay tiempo de sobra para que cambien muchas cosas, ya sea para mejor o para peor, por lo que el escenario exige prudencia”, concluyó.
FN/MSS