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Política

Gracias a un clasificado en el diario, ya llevan transformadas más de 1.000 hectáreas de desierto en la Patagonia


Todo empezó con un recorte de diario. Un aviso clasificado que llegó a las manos de Luis Fernando Defferrari, fundador de una empresa agropecuaria familiar del sudeste de Buenos Aires, despertó una inquietud que terminaría cambiando el rumbo de la firma. Lo que en 2014 era apenas una idea (y para muchos una apuesta difícil de imaginar) se convirtió una década después en uno de los desarrollos agrícolas bajo riego más importantes del norte de la Patagonia.

Hoy, El Refugio Sur SA produce sobre más de 1.000 hectáreas irrigadas en la zona de Guardia Mitre, en el este de Río Negro, provincia de la Patagonia. Allí combina agricultura, horticultura y ganadería y continúa expandiéndose. Pero detrás de los pivotes, los altos rindes y la infraestructura hay una historia construida a partir de una convicción: que era posible llevar agua a una meseta desértica y transformarla en tierra productiva.

Un clasificado en Buenos Aires y un sueño en la Patagonia

El Refugio Sur SA es una empresa familiar integrada por los hermanos Luis, María y Clara Defferrari, junto a sus padres, Luis Fernando y María Estela, quienes continúan participando activamente en el directorio. El origen productivo de la firma está en Necochea, donde desarrollan agricultura y ganadería en secano, pero hace más de diez años comenzaron a mirar hacia el sur.

La historia arrancó de manera inesperada. “Un día papá vino con un recorte de un diario de papel. Era un clasificado de un campo en venta en Río Negro con costa de río. Me lo dejó y me dijo: ‘Vos sabés de esto’. Agarré el teléfono y llamé a Guillermo Pailhé”, recuerda Luis Defferrari.

Pailhé, ingeniero agrónomo y responsable de producción de la firma, conocía la región porque había participado en desarrollos agrícolas previos en el norte patagónico. A partir de ese llamado comenzó una extensa recorrida por el Valle Medio del río Negro y el Valle de Viedma.

Clara, Luis y María Defferrari a la izquierda. A la derecha sus padres, Luis Fernando y María Estela. Fotos: gentileza.

El campo del aviso finalmente no fue adquirido. Estaba fuera del alcance económico de la empresa. Sin embargo, la búsqueda continuó durante casi un año hasta que apareció una alternativa distinta: un campo de monte virgen sobre la meseta de Guardia Mitre que ni siquiera tenía acceso al agua.

Paradójicamente, esa limitación terminó siendo una oportunidad. La empresa buscaba precisamente un campo de barda. Pailhé ya había trabajado en un desarrollo similar en Carmen de Patagones y los estudios de suelo confirmaron el potencial productivo del lugar. Las calicatas mostraron perfiles de clase 1 y clase 2, entre los más aptos para agricultura.

El desafío era otro: llevar el agua hasta allí. “Mirábamos los mapas y los estudios nos decían que se podía hacer. Pero yo veía la barda y decía: ‘Esto es imposible, no se puede traer agua hasta acá’. Parecía un sueño”, admite Defferrari.

Guillermo Pailhé y Luis Defferrari, junto a un pivote de riego y un lote de vicia, en Río Negro, Patagonia. Foto: Florencia Salto.

Ese sueño comenzó a tomar forma en 2015 con la compra del establecimiento, bautizado como Cuatro Chañares, y posteriormente con la incorporación de La Medialuna, un campo ubicado en el valle, también en la zona de Guardia Mitre. Lo que siguió fue la obtención de permisos y una inversión sostenida para construir infraestructura y desarrollar un sistema de riego capaz de convertir monte árido en superficie agrícola.

Hoy la empresa produce soja, trigo, maíz, cebada, garbanzos, maíz pisingallo, cebollas, papas, alfalfa y verdeos de invierno, además de sostener un sistema ganadero de ciclo completo.

La «industria» detrás de un campo en la Patagonia

Cuando se le pregunta a Defferrari qué es realmente Cuatro Chañares, la respuesta sorprende. “Más que un campo, esto es una obra hidráulica puesta en valor”. La frase resume la lógica con la que funciona el establecimiento.

El sistema comienza en el río Negro. Dos bombas de alto caudal impulsan el agua hacia un canal principal. Cuando el agua llega a la base de la barda, entra en funcionamiento una estación de rebombeo equipada con cinco bombas que elevan el recurso hacia una segunda etapa del canal. En total, son 5 kilómetros de canales.

Desde allí, el agua alimenta dos nuevas estaciones de bombeo. La primera posee tres motores que abastecen parte de los pivotes; la segunda cuenta con otros tres equipos. A este esquema se suman las tres bombas que operan en La Medialuna. En plena temporada de riego, la empresa pone en marcha 16 motores y sus respectivas bombas de manera simultánea.

El comienzo de la obra hidráulica: se toma agua del río Negro, que es conducida por un primer tramo de canal hasta su rebombeo hacia la desértica meseta de la Patagonia. Foto: Florencia Salto.

“Todo tiene que funcionar coordinadamente y en armonía. Hay sistemas de control, automatización y una demanda operativa completamente distinta a la de un campo tradicional”, explica Defferrari.

La infraestructura permite abastecer actualmente ocho pivotes en Cuatro Chañares y dos en La Medialuna. Además, la firma tiene superficie bajo riego por manto en La Medialuna.

Para Pailhé, esa complejidad obliga a pensar la producción desde otra perspectiva. “Hoy estas unidades productivas son industrias. Arrancás con una obra eléctrica e hidráulica, la combinás con suelo, genética, agronomía y terminás obteniendo un producto. Si no se maneja como un proceso industrial, no hay forma de alcanzar la eficiencia necesaria”.

La versatilidad del campo en Río Negro y la búsqueda de la rentabilidad

La diversidad productiva de El Refugio Sur no responde a una filosofía romántica de diversificación. Es una estrategia económica. “No tenemos una rotación fija. Estamos en una búsqueda constante de alternativas que permitan rentabilidad dentro de un sistema sustentable”, señala Defferrari.

En ese esquema hay cultivos permanentes, como trigo y maíz, que cumplen un rol central en la construcción de suelo. Pero también aparecen cultivos como soja, garbanzo y maíz pisingallo, además de producciones hortícolas desarrolladas junto a terceros, como papas y cebollas.

Los rindes muestran el potencial de la región. En los lotes más evolucionados la empresa ya alcanza entre 13.000 y 15.000 kilos de maíz por hectárea y entre 7.000 y 8.000 kilos de trigo. Es importante el trabajo diario de Tomás Jauge, ingeniero agrónomo encargado de la parte operativa de la unidad.

Tomás Juage, encargado del campo Cuatro Chañares en Río Negro, posando junto a un lote de maíz cultivado donde antes solo había desierto. Foto: gentileza.

El objetivo es seguir creciendo. “Estamos convencidos de que estos suelos pueden llegar a 18.000 kilos de maíz. Los lotes evolucionan muchísimo con los años”, afirma Defferrari.

En horticultura, las expectativas son igualmente altas. Los rendimientos de papa rondan los 70.000 kilos por hectárea en lotes que entran en producción, aunque aseguran que las 100 toneladas son perfectamente alcanzables bajo niveles tecnológicos más intensivos.

En paralelo, la empresa está experimentando con sistemas de intersiembra que permitan implantar soja mientras el trigo aún permanece en pie. El objetivo es ganar tiempo y lograr una doble cosecha en una región donde las limitaciones térmicas suelen impedir los esquemas tradicionales trigo-soja.

Vicia, maíz y ganadería en pleno desierto de la Patagonia. Foto: Florencia Salto.

La otra gran apuesta es la ganadería. El establecimiento cuenta con unas 900 vacas madres y desarrolla ciclo completo. Los índices reproductivos se ubican alrededor del 93% de preñez y 85% de destete. La recría se realiza sobre verdeos y alfalfas bajo riego, mientras que la terminación se completa a corral utilizando maíz producido dentro del propio sistema.

“Con la ganadería agregamos valor en origen. Transformamos los kilos de maíz en carne”, resume Defferrari.

Construir suelo en el desierto de la Patagonia

Quizás el aspecto más llamativo del proyecto sea que la principal transformación no ocurrió sobre la superficie, sino debajo de ella. Cuando la empresa llegó a la meseta encontró suelos arenosos, con escasa materia orgánica y prácticamente sin actividad biológica. El desafío consistía en construir fertilidad.

La estrategia combina riego, fertilización, siembra directa y una secuencia de cultivos pensada para generar raíces y tener cobertura durante la mayor parte del año.

Los lotes nuevos suelen comenzar con horticultura. Como la preparación inicial exige remover el suelo para eliminar raíces y restos del monte original, la empresa aprovecha esa etapa para implantar cultivos intensivos. Luego aparecen las gramíneas, especialmente trigo y cebada, que aportan biomasa y estructura. Más tarde llegan maíz, soja o garbanzos.

Cinco círculos de riego en Cuatro Chañares, el productivo campo agrícola, hortícola y ganadero que se hace lugar en la árida barda del norte de la Patagonia. Foto: Florencia Salto.

“Las gramíneas empiezan a construir suelo. Las raíces generan canalículos, mejoran la infiltración y permiten que el agua penetre cada vez mejor”, explica Pailhé.

Los verdeos de invierno cumplen un doble rol. Por un lado mantienen la actividad biológica; por otro, alimentan la ganadería. El resultado es un sistema donde agricultura y ganadería se complementan permanentemente.

Los animales pastorean dentro de los pivotes, consumen los cultivos de servicio y devuelven nutrientes al suelo mediante sus deyecciones. Esa interacción acelera la acumulación de materia orgánica y mejora progresivamente la estructura física del perfil.

Cosecha de maíz en Cuatro Chañares: es un cultivo clave en la rotación agrícola del establecimiento. Foto: Florencia Salto.

A ello se suman condiciones naturales excepcionales: abundancia de agua de excelente calidad proveniente del río Negro, elevada radiación solar y una sanidad ambiental difícil de encontrar en otras regiones agrícolas del país.

“Las condiciones agroclimáticas son extraordinarias. Hay muy pocos lugares donde se puede pensar en 18 toneladas de maíz por hectárea como una meta alcanzable”, sostiene Pailhé.

Seguir apostando al agro de Río Negro

La actualidad no es sencilla. El aumento de los costos energéticos y algunos precios deprimidos configuran una coyuntura desafiante. Sin embargo, en El Refugio Sur la mirada sigue puesta en el largo plazo.

La empresa continúa invirtiendo, instala un nuevo pivote y espera que futuras obras eléctricas permitan ampliar la disponibilidad de energía en Guardia Mitre para seguir desarrollando superficie bajo riego. “Al final del día somos productores agropecuarios. Este proyecto es sólido, es rentable y esta situación se va a modificar”, afirma Defferrari.

La frase tiene el mismo espíritu que aquel recorte de diario que inició todo. Diez años después, donde antes había monte y dudas, hoy funcionan canales, bombas, pivotes, cultivos y rodeos. La obra hidráulica ya está hecha. Y quienes apostaron por ella siguen convencidos de que el potencial recién empieza a desplegarse.

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