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Granos en alza y bloqueo en el mar Negro: la oportunidad para que Argentina consiga más dólares




El escenario internacional de los granos empieza a ofrecer una ventana favorable para la Argentina. Maíz, soja y trigo alcanzaron precios máximos recientes en Chicago, en un mercado atravesado por menores perspectivas de producción en algunos de los principales países agrícolas, problemas climáticos y crecientes dificultades logísticas para sacar mercadería desde la región del mar Negro.

Para un país que necesita fortalecer el ingreso de divisas, la pregunta es inmediata: ¿puede esta combinación traducirse en más dólares para Argentina?

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La respuesta, por ahora, es que existe una oportunidad concreta, aunque todavía resulta difícil ponerle una cifra definitiva. Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, identifica varios factores que podrían jugar a favor de productores y exportadores argentinos.

A esa lectura se suma la de Pablo Adreani, analista del mercado de granos, quien remarcó que la Argentina está bien posicionada para captar parte de la demanda que comienza a desplazarse desde regiones con problemas productivos o dificultades para garantizar el cumplimiento de los contratos.

El efecto podría darse por dos vías. Por un lado, precios internacionales más altos elevan el valor de cada tonelada exportada. Por otro, si las dificultades de producción y logística persisten en países competidores, algunos compradores podrían verse obligados a buscar nuevos proveedores.

Y allí la Argentina puede ganar participación. Y el Gobierno le pone muchas expectativas al sector.

En efecto, el ministro de Economía, Luis Caputo, destacó en sus redes recientemente que las exportaciones agroindustriales alcanzaron un récord histórico en los primeros siete meses de 2026. Según los datos que difundió, entre enero y julio se exportaron 74,3 millones de toneladas, un 13% más que en el mismo período de 2025. Medidas en valor, las ventas externas del sector totalizaron US$32.507 millones, con un crecimiento interanual del 15%.

Entre los complejos con mayores subas se destacaron algodón (+114%), girasol (+100%), ovinos (+87%), apicultura (+63%), cítricos agrios (+44%), bovinos (+37%), trigo (+37%), lácteos (+14%) y maíz (+13%). Caputo también señaló que los productos agroindustriales argentinos llegaron a 133 destinos, entre ellos India, China, Brasil, Vietnam, Estados Unidos, Arabia Saudita, Indonesia y Malasia, lo que refuerza el peso del sector como generador de divisas.

El maíz argentino ya se beneficia de precios cercanos a los US$200

El maíz aparece como uno de los cultivos con fundamentos más sólidos detrás de la recuperación de precios.

En Estados Unidos, el clima de julio afectó el período decisivo para la formación de rindes y abrió dudas sobre el tamaño final de la cosecha. El relevamiento de Pro Farmer llegó a proyectar una producción casi 17 millones de toneladas inferior a la estimada por el Departamento de Agricultura estadounidense (USDA) en agosto.

Adreani profundizó ese diagnóstico. Según explicó al site especializado Valor Agro, los estados del sur de Estados Unidos enfrentaron altas temperaturas y sequía, con impacto sobre los rendimientos. Esas regiones necesitan además maíz para abastecer la producción ganadera, porcina y avícola, por lo que deberán recurrir a compras desde los estados del norte, reduciendo la disponibilidad para exportación.

Al mismo tiempo, el cinturón maicero estadounidense, que incluye estados como Illinois, Iowa, Ohio, Indiana, Nebraska y Missouri, sufrió excesos de lluvias e inundaciones.

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Ese deterioro ya tuvo impacto sobre las cotizaciones. Según Adreani, el maíz en Chicago subió cerca de US$30 durante agosto y alcanzó su máximo anual, mientras que el FAS argentino mejoró alrededor de US$20 por tonelada y el precio doméstico se ubicó cerca de US$200, con posibilidades de continuar subiendo.

Europa suma presión. La ola de calor redujo las perspectivas productivas y el rendimiento esperado se ubica 7% por debajo del promedio histórico. Francia, según el análisis de Romano, enfrenta incluso su peor cosecha de maíz de los últimos 50 años.

Para Argentina, una menor oferta de los competidores internacionales puede significar mejores precios, más demanda y mayores oportunidades comerciales.

El efecto ya comienza a sentirse en el mercado doméstico. Romano señaló que los valores del maíz superaron los US$200 por tonelada, un nivel que estimuló las ventas de los productores. Durante las últimas semanas se negociaron entre 400.000 y 600.000 toneladas semanales de maíz nuevo.

Según datos de la Secretaría de Agricultura citados en el informe, al 19 de agosto se habían registrado 950.000 toneladas de ventas de maíz en apenas una semana, mientras que ya estaba comercializado el 50% de la cosecha disponible.

Ese comportamiento es relevante para el ingreso de dólares: si los valores internacionales continúan firmes, no sólo mejora el precio potencial de exportación sino que también se acelera la decisión del productor de vender, aumentando la disponibilidad de mercadería para la cadena exportadora.

Mar Negro: los compradores empiezan a buscar proveedores más seguros

La guerra entre Rusia y Ucrania agrega otro componente potencialmente favorable para Argentina.

Adreani advirtió que los ataques alcanzan puertos, plantas de alimentos balanceados, instalaciones de procesamiento, almacenamiento y acondicionamiento de granos, dificultando la salida de mercadería y elevando la incertidumbre en el comercio internacional.

Ucrania es el cuarto exportador mundial de maíz y, junto con Rusia, tiene además una participación decisiva en trigo y aceite de girasol.

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En este escenario, explicó el analista, los compradores comienzan a priorizar proveedores capaces de garantizar entregas y cumplimiento de contratos. Argentina, Brasil y Estados Unidos aparecen entre las alternativas más confiables, mientras Rusia y Ucrania enfrentan crecientes dificultades logísticas.

Según Adreani, esa situación ya habría provocado demanda adicional sobre el maíz argentino, con ventas externas por alrededor de 3 millones de toneladas.

El dato resulta particularmente relevante porque muestra que la oportunidad no se limita únicamente a una mejora de precios: Argentina podría también colocar un volumen adicional de granos en el exterior.

Tomando sólo como referencia un precio cercano a US$200 por tonelada, tres millones de toneladas representan un volumen comercial bruto del orden de US$600 millones, aunque eso no equivale necesariamente a dólares adicionales netos ni constituye una proyección oficial de exportaciones.

Soja: China sostiene los precios y acelera las ventas argentinas

La soja presenta otro frente favorable.

La principal señal llega desde China. Las compras del gigante asiático y de otros destinos impulsaron las ventas estadounidenses de la nueva campaña hasta 2,47 millones de toneladas, mientras Estados Unidos ya comprometió el 33% de su saldo exportable, uno de los ritmos más fuertes de los últimos años.

Una demanda internacional firme tiende a sostener los precios y mejora indirectamente las condiciones para Argentina, uno de los principales jugadores mundiales del complejo sojero.

La reacción de los productores argentinos ya es visible. Según Romano, la recuperación de las cotizaciones permitió duplicar el ritmo de ventas locales hasta 312.000 toneladas diarias.

“Cuando aparecen picos de precio, la oferta finalmente aparece. Eso es lo que estamos viendo ahora en el mercado argentino de soja”, explicó el especialista.

Adreani también señaló que existe una fuerte puja por el grano físico. Industriales y exportadores necesitan mercadería para mantener su nivel de actividad, mientras los productores administran sus existencias y venden en función de sus necesidades y de los precios disponibles.

La industria aceitera mantiene, de hecho, un elevado nivel de utilización. Durante julio Argentina procesó 4,1 millones de toneladas de soja, 9,2% más que un año atrás, y la utilización de la capacidad instalada alcanzó el 82%.

Parte de esa molienda se sostuvo mediante importaciones desde Paraguay.

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Adreani recordó que la producción argentina de soja permanece prácticamente estancada en torno a 50 millones de toneladas desde hace unos 15 años.

Para sostener el nivel de procesamiento de la industria, Argentina utiliza el régimen de importación temporaria, que permite ingresar soja para industrializarla localmente y luego reexportarla como harina y aceite.

Según el analista, Paraguay concentra más del 95% de esas importaciones, equivalentes a aproximadamente 4 o 5 millones de toneladas por año.

La soja paraguaya tiene además un atributo particular: su alto contenido proteico permite complementar el grano argentino y alcanzar los estándares requeridos por compradores europeos, evitando descuentos en los precios de la harina.

Para el ingreso de divisas, la clave será que la firmeza de los valores internacionales se sostenga y termine impulsando mayores ventas externas de aceite, harina y poroto.

Trigo: la mayor oportunidad puede venir del mar Negro

El trigo es posiblemente el mercado donde aparece el escenario de mayor impacto potencial para Argentina.

La logística del mar Negro se encuentra prácticamente paralizada y afecta a más del 97% de la capacidad de exportación de granos de las principales terminales de Rusia y Ucrania.

El problema empieza a modificar las rutas tradicionales del comercio mundial.

Los compradores ya buscan proveedores alternativos. Francia aparece inicialmente como uno de los principales beneficiados por cercanía geográfica: Egipto y Sudán comenzaron a reemplazar allí parte de las compras que no pueden concretarse desde los puertos bloqueados.

Pero Francia enfrenta, a su vez, restricciones de oferta y podría limitar sus exportaciones de trigo a 6 millones de toneladas.

Ese cuello de botella puede abrir una segunda etapa en la búsqueda de proveedores.

“El problema del trigo es que el mercado todavía está esperando una solución para el mar Negro que no llega. Mientras pasa el tiempo, los compradores buscan otros orígenes y eso empieza a generar presión sobre los precios”, explicó Romano.

Por ahora, el especialista aclara que no existe una demanda adicional significativa sobre Argentina. Pero si la situación persiste, las compras podrían desplazarse hacia otros exportadores y generar una escalada adicional de las cotizaciones.

Adreani coincide con esa mirada y considera que el escenario es marcadamente “bullish”. Según explicó a Valor Agro, Rusia y Ucrania concentran conjuntamente más de 60 millones de toneladas de exportaciones y ocupan un lugar central tanto en el mercado del trigo como en el de aceite de girasol.

La imposibilidad de garantizar normalmente los embarques puede redireccionar negocios hacia Argentina, Brasil y Paraguay, países sin conflictos bélicos y con mayor capacidad de cumplir los contratos.

Para Argentina, ese sería el escenario de mayor valor: no sólo vender el trigo a un precio superior, sino captar mercados que hoy necesitan reemplazar proveedores tradicionales.

India puede convertirse en otro factor alcista

Hay otro jugador que el mercado observa con atención: India.

El país atraviesa el monzón más débil en casi dos décadas, en medio del avance de El Niño. India es el mayor productor y consumidor mundial de trigo y habitualmente logra autoabastecerse.

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Si el deterioro climático obligara al país a importar, esa demanda adicional aparecería justamente en un momento en el que el abastecimiento desde el mar Negro está restringido.

La consecuencia sería una presión adicional sobre el precio internacional del trigo.

El riesgo también alcanza a las oleaginosas porque India es el mayor importador mundial de aceites, por lo que un problema productivo doméstico podría aumentar también sus compras externas.

Para Argentina, líder mundial en varios derivados de soja y con una fuerte presencia en aceites vegetales, se trata de otra potencial fuente de demanda.

¿Cuántos dólares adicionales podría recibir Argentina?

Los analistas creen que aún es temprano para establecer una cifra global. Para calcular el impacto efectivo sobre las exportaciones sería necesario conocer cuánto tiempo se sostienen los actuales precios internacionales, qué volúmenes adicionales logra colocar Argentina, cuánto trigo queda efectivamente disponible para exportar y en qué medida los compradores desplazados del mar Negro terminan recurriendo a proveedores sudamericanos.

Sin embargo, el escenario presenta tres canales concretos que pueden mejorar el ingreso de dólares: mejores precios internacionales, una aceleración de las ventas de los productores y la captación de demanda que otros proveedores no están en condiciones de abastecer.

En maíz ya aparece un primer indicio. Las 3 millones de toneladas de ventas externas adicionales mencionadas por Adreani permiten dimensionar que el impacto potencial puede ser significativo si el escenario se prolonga.

Además, Argentina enfrenta la próxima campaña con una superficie de maíz estimada en 8,4 millones de hectáreas y condiciones de humedad favorecidas por El Niño, aunque persisten riesgos productivos en determinadas regiones.

La combinación internacional es poco habitual: problemas de producción en Estados Unidos y Europa, restricciones severas en el mar Negro, una China compradora y posibles necesidades adicionales de India.

“Estamos ante un mercado en el que varios factores empiezan a jugar en la misma dirección: problemas climáticos, restricciones logísticas, demanda firme y dudas sobre la producción de los principales exportadores”, resumió Romano.

Por su parte, Adreani agrega otro elemento: en un mundo donde algunos de los grandes proveedores no pueden garantizar plenamente sus embarques, la capacidad argentina de entregar mercadería y cumplir contratos adquiere un valor adicional.

De sostenerse este escenario, la oportunidad podría ir más allá de una suba coyuntural de los precios. Para Argentina, podría significar vender más toneladas, hacerlo a mejores valores y recuperar participación en mercados que necesitan abastecimiento seguro, una combinación capaz de aportar más dólares al país.

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