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Política

La calma del campeón, la fuerza de la costumbre: Argentina cerró la fase de grupos del Mundial 2026 con otra victoria y la ilusión intacta


La primera parte de la caravana de los campeones del mundo llegó a destino. Los tramos iniciales de la ruta hacia la gloria no siempre son iguales. La lección de Qatar dejó enseñanzas: un paso en falso también puede servir de empuje necesario en pos del sueño máximo. En este Mundial 2026, la Selección Argentina se mueve dentro de otra lógica. Es como un elenco teatral que, luego de un sinfín de funciones, se sabe el libreto de memoria. Y que hasta se da el lujo de cambiar protagonistas sin equivocar la letra.

Este fenómeno planetario en que se ha transformado el equipo de Scaloni, potenciado claro está por la figura universal de Lionel Messi, exhibe en este Mundial la marca inequívoca de un equipo que lleva casi un centenar de partidos jugados, con una efectividad del 78%.

Ante Jordania, el enorme capitán de la Selección comenzó el partido en el banco, al igual que la mayoría de los futbolistas que abrocharon la clasificación a 16avos de final ante Austria. El gran mérito de Scaloni es haber inculcado en sus dirigidos el sentido de equipo, poder haber desarrollado un protagonismo superador basado en la tenencia, la paciencia y la dinámica, y que el amplio rodaje se encargó de aceitar.

El DT de Pujato mantiene a todos motivados sin ser condescendiente. Carece, por suerte, de esa ambiguedad de quedar bien con Dios y con el diablo. Y sus dirigidos responden y hasta se dan el lujo de celebrar conquistas personales al servicio del equipo.

Como ese canto a la resiliencia que es Giovanni Lo Celso, presente sin minutos en cancha en el Mundial de Rusia 2018, ausente por lesión de último momento en Qatar 2022 y estreno mundialista y goleador en esta Copa del Mundo. Gio se vistió Leo, enterró la parte interna del pie zurdo en el balón, y de tiro libre marcó el primer tanto de Argentina. Festejó besando el escudo, mientras a Messi se le dibujaba una sonrisa de satisfacción en el banco.

Lo Celso metió un golazo de tiro libre para el 1 a 0 de Argentina ante Jordania. (Foto: Juano Tesone – Clarín Fotografía)

Pero faltaba la estocada del Toro, una liberación de grito contenido que esperó nueve partidos por Copas del Mundo. Demasiado para un goleador letal como Lautaro Martínez, que llegando a los 30’, de penal, el destino decretó que era su hora señalada. Era el fin de la sequía. Con un derechazo cruzado, el Toro por fin liberó los demonios y festejó con furia su primera conquista en Mundiales.

Lautaro Martínez festeja el segundo tanto de Argentina, el primero de su autoría en Copas del Mundo. (AP Photo/Julio Cortez)

Jordania, ya eliminado antes de jugar este partido, fue capaz de desnudar algunas debilidades del juego albiceleste, principalmente por cierta falta de ritmo en el complemento y algún desacople de la última línea, que derivó en el descuento. Sin embargo, su actuación no será de mucha ayuda para la lectura de los futuros rivales de la Argentina. Ante Argelia, y principalmente contra Austria, a la Selección la obligaron a correr detrás del rival. Es quizás, la única grieta visible en un equipo que durante años hizo de la posesión una forma de imponer su voluntad.

En el balance general de esta fase de grupos antes de ingresar en los cruces a todo o nada, Argentina fue amo y señor de las acciones en los tres partidos y cuando no puede gobernar con la pelota, aprende a sobrevivir sin ella. Se reinventa sobre la marcha y cambia el traje sin perder la identidad. No se desespera y a la vez no se traiciona.

Anoche hubo tiempo también para disfrutar unos minutos de Lionel Messi, en su primer partido con 39 años, que ingresó poco después del descuento de Jordania, como para no ceder ritmo de cara a los 16avos de final contra Cabo Verde y tampoco para no perder la costumbre en eso de romper récords: tiro libre registrado, sexto gol en este Mundial y 19° en Copas del Mundo.

Lionel Messi ya lleva 19 goles Copas del Mundo, récord absoluto. En este Mundial acumula seis gritos. (Foto: AP)

El camino de la Selección recién comienza y hasta aquí le alcanzó con soportar a rivales intensos, disciplinados, capaces de incomodarla, de obligarla a defenderse por momentos. Mientras los adversarios acumulan esfuerzo, la Argentina conserva algo que no se mide en estadísticas: la calma del que sabe esperar su momento. Y en esa paciencia, en esa capacidad de resistir antes de volver a golpear, también se construyen los (bi)campeones.

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