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La ranita patagónica, un tesoro natural exclusivo de Neuquén

La pequeña especie es endémica y solamente se encuentra en el Parque Nacional Laguna Blanca. Actualmente se encuentra en peligro de extinción, por lo que se recomienda conservar los ambientes acuáticos donde habita.
Endémica de la provincia y restringida al Parque Nacional Laguna Blanca, la ranita patagónica (Atelognathus patagonicus) es un pequeño anfibio que habita ambientes acuáticos de la estepa neuquina. Su particular aspecto, sus hábitos acuáticos y su distribución extremadamente acotada la convierten en una especie de gran valor para la conservación de la biodiversidad provincial. Actualmente se encuentra en peligro de extinción.
La ranita habita entre las piedras, las plantas acuáticas y las pequeñas lagunas de origen basáltico del centro de Neuquén. Es un anfibio endémico, es decir, no se encuentra de manera natural en ningún otro lugar del mundo.
Su distribución está restringida al Parque Nacional Laguna Blanca, donde habita en las lagunas de Antiñir, Verde y Jabón. Este reducido territorio convierte a cada población en un componente fundamental para la conservación de la especie.
La ranita patagónica es un anfibio de entre 35 y 50 milímetros de longitud, tanto en machos como en hembras. Presenta un hocico puntiagudo y de forma triangular cuando se la observa desde arriba, mientras que su cabeza representa menos de un tercio de la longitud total del cuerpo.
Su piel es lisa y presenta pliegues ondulados en los laterales y en la región de los muslos. El dorso puede ser grisáceo o marrón oliva, con manchas oscuras o un fino punteado. En contraste, el vientre presenta una tonalidad anaranjada, con un moteado suave en la zona del pecho y la garganta.
Una de sus particularidades está en sus patas: los dedos de los pies están completamente unidos por membranas, una característica relacionada con su vida en ambientes acuáticos. Los machos, además, presentan callosidades nupciales lisas y de color gris en los dedos, relacionadas con la actividad reproductiva.
Una “rana voladora” en las lagunas neuquinas
Los renacuajos de la ranita patagónica también llaman la atención. Son grandes en relación con el tamaño del adulto y presentan una coloración marrón dorada pálida, con pequeñas manchas. Su zona ventral es transparente y permite observar los órganos internos.
Durante su desarrollo, los pliegues laterales adquieren mayor tamaño y le dan al renacuajo un aspecto particular, que recuerda a una pequeña “rana voladora”.
Ya en su etapa adulta, la especie desarrolla una vida estrechamente vinculada con el agua. Habita pequeñas lagunas basálticas y suele desplazarse y nadar sobre las piedras sumergidas del fondo.
Estos ambientes pueden presentar rocas salpicadas por el alga nostoc o cubiertas por vinagrilla (Myriophyllum elatinoides), plantas y organismos que forman parte del particular paisaje acuático donde vive la especie.
La alimentación de los ejemplares adultos está compuesta principalmente por artrópodos acuáticos. Entre ellos se destacan los anfípodos, pequeños crustáceos que habitan debajo de las rocas de las zonas litorales de las lagunas.
Uno de sus principales alimentos es hyalella patagonica, un pequeño crustáceo acuático que forma parte de la comunidad biológica de estos ambientes.
De esta manera, la ranita patagónica también cumple un papel dentro de la dinámica de los ecosistemas acuáticos donde vive. Se integra a una compleja red de relaciones entre plantas, algas, pequeños invertebrados y otros organismos.
Reproducción durante primavera y verano
La actividad reproductiva de la especie puede extenderse durante buena parte de los meses cálidos. Presenta un ciclo sexual potencialmente continuo, con reproducción principalmente durante primavera y verano.
Las hembras depositan numerosos huevos, que quedan adheridos al azar sobre plantas acuáticas. Luego, el desarrollo de los renacuajos se produce en el ambiente acuático que constituye el hábitat esencial de la especie.
Conocer estos ciclos permite comprender la importancia de conservar no solamente a los ejemplares adultos, sino también las lagunas, la vegetación acuática y las condiciones ambientales necesarias para que pueda reproducirse y completar su desarrollo.
Una especie que necesita protección
La ranita patagónica tiene una distribución muy limitada: vive exclusivamente en Neuquén y, dentro de la provincia, está restringida al Parque Nacional Laguna Blanca.
Esta condición de endemismo, sumada a las características particulares de su hábitat, hace que la conservación de sus ambientes sea fundamental para asegurar su supervivencia.
Actualmente, la especie se encuentra en peligro de extinción, por lo que su protección requiere conservar los ambientes acuáticos donde vive y prestar especial atención a las condiciones ecológicas de las lagunas que constituyen su hogar.
Pequeña, discreta y estrechamente ligada al agua, la ranita patagónica representa una parte única del patrimonio natural neuquino. Conocerla es también una manera de comprender el valor de aquellos ambientes que, a primera vista, pueden parecer pequeños o poco significativos, pero que albergan especies que existen únicamente en este rincón de la Patagonia.
En las lagunas basálticas del Parque Nacional Laguna Blanca, la presencia de esta pequeña ranita recuerda que la biodiversidad también se encuentra en los lugares más singulares y que conservar un ambiente puede significar proteger una especie que no existe en ningún otro lugar del planeta.
Desde el Centro de Ecología Aplicada del Neuquén (CEAN) del ministerio de Turismo, Ambiente y Recursos Naturales se colabora con la divulgación y difusión de especies de la flora y fauna para concientizar sobre el cuidado de la biodiversidad en toda la provincia del Neuquén.













