Connect with us

Ultimas Noticias

Los Tachos del Domuyo, donde la tierra hierve en el norte neuquino


A más de 4.500 metros sobre el nivel del mar, en el punto más alto de la Patagonia, el agua emerge en ebullición desde el subsuelo y se convierte en columnas de vapor que contrastan con el aire frío cordillerano.

En el extremo norte de la provincia del Neuquén, dentro del Área Natural Protegida Domuyo, se encuentra uno de los fenómenos geológicos más singulares del país: Los Tachos, los únicos géiseres registrados en la Argentina. Allí, al pie del Volcán Domuyo —con 4.709 metros sobre el nivel del mar, el punto más alto de la Patagonia— el agua emerge en ebullición desde el subsuelo y se convierte en columnas de vapor que contrastan con el aire frío cordillerano.

El acceso comienza en Chos Malal por la Ruta Nacional 40 hasta Andacollo y luego continúa por la Ruta Provincial 43 hacia Varvarco–Invernada Vieja. Desde ese punto, un camino de ripio conduce hacia el interior del área protegida. Un sendero corto desciende hasta el sector de los géiseres, ubicados sobre el arroyo Covunco. Antes de emprender el recorrido, se recomienda consultar el estado de las rutas y registrar el ingreso ante los guardaparques.

Un sistema geotérmico activo

Los Tachos son la manifestación visible de un sistema geotérmico activo asociado al macizo del Domuyo. A diferencia de otros complejos volcánicos, aquí no hay cráter abierto ni emisión de lava. El calor permanece bajo la superficie y se libera a través de surgencias de agua que superan los 61°C. El líquido borbotea con fuerza y desprende vapor espeso que silba entre las rocas.

Las sales minerales, depositadas por la evaporación constante, tiñen el entorno con tonos amarillos y ocres. El nombre del lugar proviene de esa imagen: grandes “tachos” invisibles donde el agua parece hervir sin descanso.

Un paisaje que cambia con las estaciones

Cada estación modifica la escena. En verano, el sendero permite acercarse al arroyo caliente y observar el fenómeno con mayor nitidez. En invierno, el vapor se mezcla con el frío intenso y crea una atmósfera densa, casi irreal, donde la montaña parece respirar. La experiencia varía según la época del año y las condiciones climáticas.

Varvarco y la memoria del agua

El valle cercano conserva una historia vinculada al agua y sus propiedades. De acuerdo con el especialista Isidro Belver, “Varvarco” proviene del mapudungun pehuenche y significa “agua amarga”, en alusión a la mineralización de sus vertientes. Otras interpretaciones asocian el nombre al sonido del agua en ebullición —“huar, huar”— junto a “co”, que en lengua mapuche significa agua.

Desde tiempos ancestrales, comunidades indígenas habitaron el territorio y utilizaron las fuentes termales. En el siglo XIX, exploradores como Luis de la Cruz y el coronel Manuel José Olascoaga dejaron registros escritos sobre las termas del Domuyo y sus características.

Los Tachos no son solo un atractivo turístico. Constituyen una rareza geológica a escala nacional y una evidencia de la energía latente bajo la cordillera neuquina. En el Domuyo, la montaña no solo se eleva: también hierve.