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Malvinas y la disidencia | Perfil



La reivindicación de la soberanía argentina en las islas Malvinas es sostenida por una gran mayoría de los ciudadanos. Existen un diferendo jurídico-político y diplomático con el Reino Unido, una resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas que insta a ambas partes a negociar sus diferencias y una disposición transitoria de la Constitución Nacional que ratifica nuestra soberanía sobre las islas y los espacios marítimos correspondientes y nos compromete a los argentinos a un esfuerzo pacífico por recuperar las islas. Los firmantes de esta declaración aceptamos la existencia de este diferendo internacional, y lo consideramos como tal, con sus dimensiones básicamente diplomáticas y jurídicas. No precisamos tener entre nosotros coincidencia total sobre cada una de sus dimensiones. Algunos creemos que los actuales habitantes de las islas están bien protegidos por el compromiso constitucional de respetar su modo de vida y otros consideramos que los isleños deberían ser parte activa en eventuales negociaciones. Algunos estimamos que la cooperación entre las partes sería conveniente aun cuando sean muy difíciles los avances en la cuestión territorial de fondo, mientras que otros creemos que la negativa de la otra parte en la cuestión de fondo hace aconsejable una consiguiente negativa a cooperar. Unos interpretamos de un modo el contenido de la cláusula constitucional transitoria y otros lo entendemos de un modo diferente, etcétera. No obstante, alertamos que la cuestión Malvinas hace mucho que ha dejado de ser básicamente un diferendo para pasar a convertirse en una pretendida causa nacional, algo completamente distinto. Y esto ocurre en un país que cree sinceramente que todos pensamos lo mismo en este tema y hasta que “Malvinas es lo único que nos une”. En la Argentina de hoy, la causa Malvinas, el unanimismo de la pretendida causa nacional, lo abarca todo, no admite disensos relevantes en ninguna dimensión, incluyendo la convicción de que ningún argentino puede sentirse ajeno a ella, so pena de ser considerado un mal argentino. Y así decimos que “las Malvinas son argentinas”.

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Juan Grabois a Fontevecchia: “La mal llamada Ley de Malvinas es un Caballo de Troya para perseguirte a vos” En 1982, los militares de la dictadura nos llevaron a la guerra. Pero la condición de esa decisión catastrófica fue que la causa ya estuviera firmemente instalada en la sociedad desde mucho antes. Tanto es así que la ocupación de las islas contó con un impresionante respaldo popular que se mantuvo por semanas como un abrumador triunfalismo. La guerra robusteció la causa. Hoy día se ha extendido a la vida cotidiana en los barrios, en el deporte, en los estudios especializados, en el discurso político y hasta en inquietantes brotes de militarismo. La omnipresencia de la causa quizás explique que el gobierno nacional esté actuando hoy en la cuestión Malvinas con un oportunismo flagrante. Los ciudadanos argentinos firmantes de esta declaración queremos ser enfáticos para expresar nuestra disidencia: no aceptamos ser absorbidos por la sacralización colectiva de la causa, que abusa de nosotros desde el Estado y desde la sociedad, cada vez que sus promotores pretenden hablar en nombre de todos los argentinos. Y que se autoriza a tomar decisiones a veces insólitas, siempre desmesuradas, en nombre del unanimismo nacional, de cuya existencia los propios partidarios de la causa se convencen a sí mismos. La causa nacional es, en suma, un abuso de autoridad estatal, política, social, cultural. No es casualidad que en el proyecto de ley de Defensa de la soberanía nacional (cuyo eje es precisamente Malvinas) se pretenda, en su artículo 111, establecer una tipificación penal difusa y la penalización del disenso. Crece la hostilidad en Malvinas: analizan sanciones para evitar que los argentinos desplieguen la bandera Los declarantes hacemos una diferenciación muy tajante entre el diferendo, que nos permite discrepar en libertad, y la causa Malvinas, que pretende englobarnos en un colectivo uniforme y en una unanimidad puramente imaginaria. Nos apegan a la Constitución los valores republicanos, el compromiso con la justicia, la igualdad de derechos y deberes y de oportunidades, todo lo cual supone que hay muchas cosas que hacer, desde lo público, desde la política, desde la vida cultural, desde la controversia democrática, cosas más acuciantes que enredarnos en los mandatos de pasado, presente y futuro que nos propone la causa. Nuestro país necesita expresar su pluralidad social y política a través de un pluralismo político y cultural realmente vivido. En Malvinas, es todo lo que pedimos: que el unanimismo deje de hablar en nuestro nombre. La disidencia no es tan pequeña ni tan frágil, y espera que la causa no siga pretendiendo hablar en nombre de todos los argentinos. Firmantes: Pablo Alabarces, Rogelio Alaniz, Mario Albornoz, Lucas Almada, Carlos Altamirano, Nélida Archenti, Mercedes Assorati, Pablo Avelluto, Martín Bauer, Silvia Boniface, María Teresa Brachetta, Beatriz Bragoni, María Braun, José Emilio Burucúa, Marcelo Cavarozzi, Rubén Chababo, Isidoro Cheresky, Nicolás Cherny, Celia Corti, Alejandro Cowes, Carmen Crespo, Liliana de Riz, Mauricio Devoto, Gustavo Dufour, Carlos Erlich, Teresa Fara, Germán Feierherd, Graciela Fernández Meijide, Leonardo Filippini, Emilio García Méndez, Roberto Gargarella, Manuel Garrido, Viviana Gauna, Guillermo Genta, Pablo Gerchunoff, Ricardo Gil Lavedra, Mario Gluck, Lidia Gonzalvo Assorati, Adrián Gorelik, Enrique Groisman, Claudia Hilb, Roy Hora, Ricardo Ibarlucía, Victoria Itzcovitz, Elizabeth Jelin, Zunilda Jotale, Adriana Karszenbaum, Alejandro Katz, Juan Carlos Korol, Santiago Kovadloff, Mariano Llinás, Mirta Zaida Lobato, Andrés López, Federico Lorenz, Carlos Malamud, Lucas Martín, Ricardo Mazzorín, Federico Merke, Guillermo Merlino, Adriana Montes, Carlos Mundt, María José Navajas, Marcos Novaro, Andrea Oelsner, Jorge Ossona, Oscar Oszlak, Vicente Palermo, Victoria Pérez Esteban, Mariano Plotkin, Hinde Pomeraniec, Hugo Quiroga, Carlos Reboratti, María Fernanda Ricci, Jesús Rodríguez, Luis Alberto Romero, Hugo Russi, Roberto Saba, Hilda Sabato, Daniel Sabsay, Gabriel Salvia, Catalina Smulovitz, Nancy Sosa, Facundo Suárez Lastra, Patricia Tappatá, Lucrecia Teixido, Marcela Ternavasio, Cristina Tommasi, Hugo Vezzetti, Natalia Volosin, Carlos Zurita.

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