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Murió Chiche Gelblung, una figura histórica del periodismo argentino




El periodista falleció luego de haber sido internado por un cuadro respiratorio. Dejó más de cinco décadas de una carrera que atravesó la gráfica, la radio y la televisión.
Samuel “Chiche” Gelblung murió después de una extensa trayectoria que lo convirtió en una de las personalidades más reconocidas, influyentes y polémicas del periodismo argentino. Había sido internado el martes por la mañana en el Sanatorio Mater Dei, en Palermo, debido a un cuadro respiratorio y atravesaba su cuarta internación del año.La noticia de su fallecimiento fue confirmada por su familia. Pese a los problemas de salud que había atravesado durante los últimos años, Gelblung continuó trabajando prácticamente hasta sus últimos días, manteniendo una relación con el periodismo que se había iniciado cuando todavía era muy joven.Nacido en Buenos Aires en 1944, construyó una carrera de más de cinco décadas que pasó por la prensa gráfica, la radio y la televisión. Fue director de publicaciones emblemáticas, encabezó investigaciones y condujo programas que dejaron su marca en diferentes etapas de los medios argentinos.Su personalidad profesional estuvo caracterizada por una combinación de curiosidad, irreverencia y una forma directa de abordar las historias. Gelblung defendió durante toda su carrera una concepción del periodismo alejada de las etiquetas, incluso cuando sus producciones eran cuestionadas por recurrir al sensacionalismo. “Me causa gracia que digan periodismo amarillo; hay una sola manera de hacer periodismo”, sostenía.Pero detrás del personaje televisivo existió una historia personal atravesada desde muy temprano por conflictos familiares, independencia y una enorme vocación autodidacta.Se fue de su casa a los 14 años y terminó construyendo una carrera extraordinariaChiche creció en Villa Devoto, dentro de una familia judía de clase media con una fuerte participación política. Sus padres, Berta Kagan —apellido que posteriormente cambiaría por Cohen— y Alfredo Gelblung, industrial del cuero, eran militantes clandestinos.Su apodo nació mucho antes que el periodista. Según relataba, cuando era pequeño “era un bebé tan lindo que me consideraban el chiche de la familia”.La convivencia familiar fue compleja y terminó tomando una decisión drástica siendo apenas un adolescente. A los 14 años abandonó su casa. “Era insoportable. Sentí que debía irme o iba a enloquecer”, recordó años después.La independencia temprana terminó moldeando buena parte de su personalidad. Siendo todavía adolescente trabajó vendiendo la Enciclopedia Británica y su desempeño le permitió viajar a Europa. A los 16 años ya había conocido Londres, París, Roma, Ámsterdam y Lisboa.Su formación fue en buena medida autodidacta. Con el secundario incompleto consiguió ingresar a una escuela de periodismo y posteriormente comenzó a abrirse camino dentro de las redacciones.En 1966 ingresó como pasante a Editorial Atlántida. Tenía 22 años cuando consiguió una de sus primeras grandes historias al infiltrarse en una reunión privada con el expresidente Arturo Illia.Una frase que recibió entonces terminaría acompañándolo durante décadas. Su jefe, Raúl Urtizberea, le dijo: “No sé si te irá bien en la letra, pibe. Pero vos tenés la música”.Y Chiche encontró esa “música”.En sus primeros años utilizó el seudónimo Mariano Ovejero para determinadas notas y realizó coberturas internacionales, entre ellas la Guerra de los Seis Días. También experimentó brevemente con otra de sus pasiones: el tango.Llegó a presentarse en La Botica del Ángel hasta que desde la editorial le plantearon que debía elegir. “O el tango o el periodismo”, le dijeron. Eligió el periodismo.El salto definitivo en la gráfica llegó con la dirección de Gente entre 1975 y 1981 y posteriormente con La Semana durante la década de 1980. Allí consolidó una forma de hacer periodismo basada en producciones ambiciosas, historias de impacto y una permanente búsqueda de aquello capaz de despertar la curiosidad del público.Su carrera también estuvo atravesada por experiencias extremas. Realizó coberturas de conflictos como Vietnam, Biafra, Yom Kipur y la Guerra de los Seis Días. Sobre aquello reconocería posteriormente: “El miedo te agarra después. Lloré y temblé, no hay peor olor que la sangre”.De la gráfica a convertirse en una figura de la televisiónLa televisión llegó bastante después. El propio Gelblung reconocía que había desembarcado en ese medio cerca de los 50 años y consideraba que hacerlo antes posiblemente habría sido perjudicial para él.“Llegué a la tele a los 50; menos mal, si me agarraba a los 25 hubiera sido un desastre”, decía.Alejandro Romay fue una figura decisiva en aquella transformación profesional. Durante los años 90, Gelblung terminó convirtiéndose en uno de los grandes nombres del periodismo televisivo argentino.Programas como Memoria, emitido por Canal 9, quedaron asociados a una etapa de grandes producciones y experimentación. Sus informes podían abordar desde personajes policiales hasta fenómenos internacionales y misterios que capturaban la atención masiva.Una de sus características fue precisamente la obsesión por investigar historias extraordinarias y comprobar cuánto había de realidad detrás de ellas. Esa curiosidad permaneció prácticamente intacta hasta sus últimos años.También era reconocido por su exigencia dentro de las redacciones. Gelblung reivindicaba haber realizado personalmente las mismas tareas que reclamaba a sus equipos: “Guardias de 24 horas, de 48 horas, yo las hice. No le pido a nadie algo que no pueda hacer yo mismo”.Su vida privada estuvo profundamente ligada a Cristina Seoane, con quien compartió casi medio siglo entre encuentros, crisis, separaciones y reconciliaciones. Chiche reconoció públicamente sus infidelidades y las dificultades que atravesó la pareja, aunque siempre remarcó la importancia que ella tuvo en su vida: “Por la única que luché fue por ella”.Los últimos años estuvieron acompañados por diferentes problemas de salud. Había atravesado sepsis y neumonía en 2020, problemas de insuficiencia renal y sucesivas internaciones, aunque se resistió a abandonar su actividad profesional.“Estoy transitando algunos problemas. Pero sigo para adelante; ¿qué voy a hacer?”, había resumido sobre su estado de salud.Y efectivamente siguió.Uno de sus últimos grandes reconocimientos llegó en los Martín Fierro de Cable 2025, cuando recibió la distinción al mejor programa magazine por Chiche 2024. Acompañado por Cristina Seoane y ovacionado durante la ceremonia, respondió apelando a El Eternauta: “Lo viejo funciona, Juan”.La frase terminó condensando parte de su relación con los medios. Gelblung atravesó diferentes generaciones, tecnologías y formatos sin abandonar aquello que había definido sus comienzos: la curiosidad por encontrar una historia y convertirla en noticia.

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