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Padres, hijos y un video viral: cómo José María Muscari llevó su adopción a las tablas con Lucio y Yo

Bajo la dramaturgia y dirección de José María Muscari y con producción general de Paola Luttini, Lucio y Yo se consolidó como el proyecto más personal del reconocido director. La obra reúne en escena a Esteban Pérez y Máximo Meyer para indagar en la trastienda íntima de una adopción que nació de las pantallas y se convirtió en una inquebrantable aventura de amor cotidiano. Un encuentro inusual que cambió todo La historia real detrás de Lucio y Yo comenzó a gestarse mucho antes de las funciones teatrales, cuando un video publicado por el adolescente pidiendo una familia se convirtió en viral y abrió la puerta a una selección en la que compitieron más de 150 familias postulantes. De ese universo, una jueza y el propio Lucio terminaron eligiendo a José María Muscari para construir un vínculo que hoy conmueve al público.
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Para Esteban Pérez, quien asumió el desafío de encarnar al director sobre el escenario, el acercamiento al material fue una revelación absoluta. “La propuesta de José llega como un libro que me manda, una obra de teatro nueva que tenía pensado estrenar. Me preguntó si tenía los tiempos para el proyecto y me adelantó que tenía que ver con lo que estaba viviendo él, con la paternidad de su hijo Lucio y todo el proceso de adopción -relata el actor en diálogo con Vivo Perfil-. Al leer el texto me encontré con una faceta completamente renovada. Me pareció un acto de amor brillante. Encontré un Muscari paternando, estando en el día a día, poniendo el cuerpo. Por decirlo de alguna forma, me tocó el Muscari más fácil para mí, porque no había ninguna cosa hacia fuera ni grandilocuente”. Aquí la entrevista completa: Lejos de la imitación: poner el cuerpo al servicio de la verdad Lejos de buscar una caricatura o imitar los manierismos mediáticos del director, la puesta en escena propone un pacto de honestidad con los espectadores desde el primer minuto. “José desde un principio nos propuso tanto a Máximo -que hace de Lucio- como a mí que nos dejáramos atravesar por la obra. A los pocos minutos nos presentamos como los actores que somos, diciéndole al público que no íbamos a imitar ni a José ni a Lucio”, explica Pérez, destacando que la presencia de pantallas en el fondo con imágenes reales de ambos protagonistas aporta una referencia constante que dialoga permanentemente con la ficción teatral. Esa dinámica se traduce en un espectáculo de ritmo vertiginoso y con un gran despliegue técnico donde conviven la música, los videos y los relatos documentales. “Técnicamente la obra es compleja porque hay mucho pie de música, mucho pie de video, mucho pie de historia real contada por José y por Lucio. Es un ida y vuelta con el público entre nosotros y con todo el material tecnológico que hay en escena”, detalla Esteban. Paternar en la adolescencia y el reflejo en las familias Más allá del caso particular de la adopción, la obra logra interpelar a públicos diversos -desde quienes pasan por experiencias similares hasta aquellos que se reconocen desde el rol de hijos- gracias a la honestidad con la que aborda los desafíos de criar a un adolescente en la actualidad. “El texto transita más allá de la adopción; es la historia de Lucio y de José, y transita un montón de situaciones relacionadas a la construcción de un vínculo. Todos nos sentimos identificados como padres o como hijos, sabiendo que ese vínculo tiene momentos que no son color de rosa y que hay que transitarlos”, reflexiona Pérez, quien paralelamente atraviesa la experiencia de la paternidad con su propia hija: “Paternar es poner el cuerpo continuamente. No es necesariamente estar al lado del otro todo el tiempo, sino saber que estamos ahí, en una etapa que es muy difícil como la adolescencia. Apostar al amor continuamente es la mejor manera de hacerlo”. Con una respuesta sumamente cálida del público que combina momentos de profunda emoción con risas genuinas, Lucio y Yo se afianza en la cartelera porteña como un recordatorio esperanzador sobre las formas inesperadas en que los afectos pueden transformar una existencia. Las funciones son los viernes y sábados a las 21:30 en el Centro Cultural de la Cooperación (Av. Corrientes 1543, CABA). Encontrá acá más info sobre las entradas.







