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Pauli Patines: cómo es encontrar la libertad patinando sobre lagunas congeladas de la Patagonia

Paula Martínez encontró en el patinaje sobre escenarios naturales una nueva vid. Desde El Calafate, cuenta su historia, sus consejos de seguridad y por qué invita a todos a animarse al hielo.

El magestuoso escenario natural de las lagunas congeladas en la Patagonia y la libertad plena de patinar sobre ese hielo. Fotos: gentileza

Hay una palabra que aparece una y otra vez cuando Paula Martínez habla de patinar sobre hielo: libertad. No la nombra como un concepto abstracto, sino como algo físico, que se siente en el cuerpo apenas los patines tocan una laguna congelada. En la Patagonia, donde el invierno transforma lagunas y bahías en pistas naturales, ella encontró en el patinaje sobre hielo su manera personal de soltarse, de jugar y de reconectar con la niñez.

Conocida en redes sociales como Pauli Patines, Paula reside en El Calafate desde hace tres años. Ahí recorre la bahía congelada —el escenario natural de hielo más grande de toda Sudamérica— y comparte esa libertad con turistas, vecinos y una comunidad que crece temporada tras temporada.

En esta entrevista para la sección “El Diario de Vanesa”, Paula repasó cómo nació su vínculo con el patín, qué significa para ella esa sensación de libertad sobre las lagunas congeladas de la Patagonia y qué recaudos de seguridad considera imprescindibles antes de lanzarse al hielo.

El origen de una libertad: una laguna congelada en El Chaltén

Todo empezó en el invierno de 2018, en El Chaltén. Frente al Club Andino se había congelado una pequeña laguna y el club alquilaba patines para la ocasión. Paula, que nunca se había subido a unos patines de hielo ni a unos rollers, se sumó a la propuesta de unos amigos casi sin pensarlo.

“Fue una sensación tan linda que, cuando volví a mi casa, le conté reemocionada a mi mamá que había ido a patinar sobre hielo”, recuerda. Su madre, conmovida por ese entusiasmo, le regaló sus primeros patines: un par rígido, con cuchilla tipo hockey, similar a los de alquiler.

Ese regalo marcó un antes y un después. Con patines propios, Paula ganó algo que hoy define toda su historia: la libertad de salir a patinar cada vez que encontraba una superficie congelada, aunque fuera un rato después del trabajo. “Ahí empezó la locura, porque tenía la libertad de patinar cuando quería”, recuerda.

Lagunas congeladas: “una obra de arte de la naturaleza”

Para Paula, patinar en lagunas congeladas de la Patagonia es mucho más que un deporte: es una experiencia estética y sensorial irrepetible. “No todos los hielos son iguales”, explica. Cada congelamiento genera texturas distintas: superficies espejadas que reflejan las nubes apenas se forma el hielo, triángulos que aparecen cuando el hielo se fragmenta y se vuelve a unir, capas blancas y duras cuando la nieve cae encima, y hasta burbujas de aire atrapadas que quedan congeladas como si fueran esculturas naturales.

Esa variedad es, según ella, lo que convierte cada salida en algo único: “no todos los días está el hielo de la misma forma”.

De YouTube a Pauli Patines: un aprendizaje autodidacta

Paula nunca tomó clases formales de patín sobre hielo. Su técnica se fue puliendo de manera autodidacta, a partir de tutoriales de YouTube y de un método casero pero efectivo: grababa las clases en la computadora, salía a practicar, se filmaba a sí misma y después comparaba ambos videos para corregir postura, brazos y giros.

De esa rutina de prueba y error nació Pauli Patines, su cuenta en redes sociales, que arrancó como un archivo de trucos practicados en distintos escenarios patagónicos y terminó convirtiéndose en una comunidad. “Empecé a subirlos de aburrida que estaba… y se creó una comunidad muy linda, mucha gente apoyándome”, cuenta.

Pauli Patines y el placer de patinar sobre las lagunas congeladas de la Patagonia. Fotos: gentileza

 

El Calafate, la bahía congelada y el encuentro con los turistas

Instalada en El Calafate desde hace tres años, Paula encontró en la bahía congelada su escenario habitual. Ahí no solo entrena y graba contenido: también se cruza con turistas que nunca antes se calzaron un patín y terminan animándose a probar, sorprendidos de estar parados sobre “el escenario natural de hielo más grande de toda Sudamérica”.

Esos encuentros espontáneos son, para ella, parte esencial de la experiencia: “la sensación más linda es deslizarse sobre este escenario, ver la inmensidad de las montañas y ver a la gente divirtiéndose, sintiéndose niños”. A pesar de la vergüenza que todavía le genera que la reconozcan patinando, disfruta enseñar y armar grupos espontáneos con quienes se acercan a mirar.

Seguridad en el hielo: los consejos de Pauli Patines

Patinar en superficies naturales implica riesgos que Paula no minimiza. Por eso, antes de subirse al hielo de una laguna, sigue una serie de protocolos propios:

  • Medir el grosor del hielo con un tornillo de hielo, haciendo un pequeño orificio de control.
  • Evitar los bordes, la zona más débil de cualquier laguna congelada, ya que la placa de hielo queda suspendida sobre agua en movimiento.
  • Usar chaleco salvavidas las primeras veces que se prueba una laguna nueva.
  • Practicar la maniobra de autorrescate en el hielo, clave para cualquier persona que patine fuera de pistas controladas.
  • Llevar un dispositivo de seguridad satelital, que envía la ubicación a contactos de emergencia ante cualquier imprevisto.
  • Avisar siempre antes y después de cada salida a un contacto de confianza.
  • Usar casco y rodilleras de forma permanente, y coderas cuando prueba trucos nuevos.

También comparte una técnica para reducir el impacto de las caídas: “el cuerpo no tiene que estar rígido al momento de caerse; uno tiene que tratar de disipar el impacto” y acompañar la inercia del golpe en lugar de frenarlo en seco.

Una comunidad que crece en la Patagonia

De a poco, Paula fue armando un grupo de patinaje en El Calafate, integrado por vecinos que se acercaron atraídos por sus publicaciones. “Los amigos que tengo empezaron así: ‘vos sos la que patina, la que vino de El Chaltén'”, cuenta entre risas.

Su propuesta no se limita al hielo: también recibió el título de instructora de rollers y planea usar los meses sin nieve para seguir sumando gente al grupo, de cara al próximo invierno.

La libertad como mensaje: “salir de la zona de confort”

Más allá de la técnica, Paula insiste en un mensaje central: el patinaje sobre hielo es una herramienta para reconectar con la niñez, soltar la vergüenza y animarse a lo desconocido. “Es salir de la zona de confort y probar algo diferente. No es ‘me pongo un patín, me subo y me saco la foto'”, resume.

Por eso invita a que nadie se limite por “lo que dirán, por lo que les pasará, por lo que les puede llegar a golpear o por lo que sea”. Para ella, esa libertad —la de caerse, levantarse y volver a intentarlo sobre el hielo— es la que realmente vale la pena buscar.

Ver a alguien caerse, reírse y disfrutar un día entero sobre el hielo —aunque nunca antes haya patinado— es la mejor recompensa de este proyecto que empezó como un hobbie en una laguna de El Chaltén y hoy es parte de la identidad patagónica de El Calafate.

Espero que les haya gustado esta nueva entrega de El Diario de Vanesa y ¡será hasta la próxima!

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