Política
Pueblos Originarios: efeméride internacional – Diario Río Negro

. Foto: Alejandra Bartoliche
«In memoriam Beato Ceferino Namuncurá,hijo de los pueblos originarios de América del Sur. Un argentino mapuche»
El memorial por el Día Internacional de los Pueblos Originarios se celebra el 8 de agosto, en conmemoración del Congreso Indigenista Interamericano celebrado en México, el 19 de abril de 1940. Fue convocado en la ciudad de Patzquaro por el entonces presidente mexicano Lázaro Cárdenas, descendiente de aborígenes.
Pero no basta con el reconocimiento teórico de los hechos culturales y de los derechos propios de cada colectividad étnica. Sobre todo, el derecho a la tierra, como base de la prosperidad económica.
Ni alcanza su apuesta vana e infructuosa, particularmente por la propiedad colectiva, comunitaria y cooperativa en un clima de respeto integral al medio ambiente y los recursos naturales en la perspectiva de futuro para evitar su deterioro y finalmente su agotamiento.
Tampoco que los pueblos indígenas proclamen su derecho al idioma propio y a la educación en sus lenguas maternas sin desdeñar el castellano; al patrimonio cultural; al acceso a la justicia y a la libertad para ejercer los principios y las costumbres que culturalmente los identifican. Cuando ni la supremacía de nuestra propia Constitución Nacional (Art. 75, inc. 17 ) carece de eficacia y performatividad al proclamar sin garantizar ni asegurar :
• Reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos.
• Garantizar el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural.
• Reconocer la personería jurídica de sus comunidades y la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan.
• Regular la entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo humano.
• Ninguna de ellas será enajenable, transmisible ni susceptible de gravámenes o embargos.
La alcurnia del nuevo marco constitucional supuso asegurar la participación autónoma e independiente de los pueblos originarios en la gestión referida al señorío sobre sus recursos naturales y demás intereses que les involucren directa e indirectamente “más acorde y en armonía con el lenguaje de demarcación y titulación, justas”
Argumentos de génesis e historia universal, resultan básicamente decisivos para restaurar, reconstruir y ejercer tal identidad indígena -personal, comunitaria y cooperativa- así como su recuperación patrimonial originaria; en suma, argumentos irrefutables e inexorables cimentados a partir de una intensa pero sostenida evolución histórica de producción y consumo en sabio modo indígena a lo largo de los siglos; siempre e invariablemente en franca ´amistad con su madre tierra´.
Consecuentemente y como bien señalan e ilustran -entre otros notables, históricos e ilustres defensores de la indigeneidad- vg., los frayles Toribio de Benavente, Bartolomé de las Casas o la célebre respuesta del gran jefe Seattle en 1854 a Franklin Pierce, presidente de los Estados Unidos, “el Gran Jefe de Washington”, (cuando temeraria e inhumanamente hiciera una última oferta por una gran extensión de tierras indias antes de lanzar el exterminio, prometiendo crear una “reserva” para el pueblo indígena); o, más recientemente un olvidado, silenciado u ocultado ramillete de líderes indígenas iberoamericanas que han ayudado a transformar las vidas de miles de personas en América Latina vg., Tarcila Rivera Zea (quechua peruana), Rosalinda Tuyuc Velázquez (lideresa maya guatemalteca) Rigoberta Menchú Tum, indígena guatemalteca (ganadora del Premio Nobel de la Paz en 1992), Lottie Cunningham Wren (Nicaragua, 29 de septiembre de 1959) abogada y ambientalista nicaragüense de origen indígena miskito.
Cómo omitir que en la dictatorial Venezuela se juegan su vida líderes indígenas que desempeñaron un papel crucial en la defensa de sus derechos, territorios y cultura, especialmente en el contexto de la explotación minera y la protección del Amazonas. Tal los casos de Olnar Ortiz, Gregorio Mirabal y Juvencio Gómez heroicos ejemplos de defensores de los derechos indígenas que enfrentan desafíos más que significativos, a todos los cuales -nobleza obliga- debemos destacadamente añadir a Sheyla Navia Céspedes, indígena de linaje boliviano, todas con sus apotegmas de breves reflexiones sobre grandes preguntas.
Si bien el espíritu como la letra de nuestra Constitución Argentina del 1994 dota teóricamente de medios importantes para la promoción y protección del indigenismo, los hechos reflejan lo que efectiva y macabramente hicimos con la muerte y el despojo de nuestros pueblos originarios los cuales “gritan en silencia, claman y reclaman en paz… mucho más que la sola letra (muerta, vergonzosa e impotente) constitucional actual, mucho menos que “lo Suyo””
Ante semejante ineficacia normativa y estériles abundancias semánticas se precisa una mayor difusión y ejecutoriedad de los derechos propios de los pueblos indígenas para que “su” riqueza y apabullante autoridad moral producto de la conservación y producción de “vida” en el tiempo pero de toda vida; unos derechos tales que aseguren y restauren concreta y palpablemente su identidad, su idiosincrasia, sus costumbres y la plena reconducción del desarrollo cooperativo de sus pueblos.
Abundan los motivos y sobran las razones para que no deba procrastinarse más este cruel desconocimiento y desprotección del acervo axiológico y patrimonial indigenista. Ojalá que nuestro Ceferino Namuncurá como intercedió por la curación del cáncer de útero de Valeria Herrera, interceda ahora por la sanación del cáncer humano, social y natural para que, (¡como Valeria Herrera no solo reciba la remisión definitiva de su enfermedad sino la bendición de mucha vida en sus varios hijos!) vuelva a fecundar, brotar y reverdecer la vida aborigen, una vida en armonía, con fraterna cultura -ecuánimemente equitativa- de la satisfacción.
* Experto Argentino del Coneau – Cooperativismo Performativo