Política
Qué pasa en el cuerpo cuando abrazamos a alguien: los efectos que encontró la ciencia

Un abrazo puede durar apenas unos segundos. Puede aparecer como saludo, después de una buena noticia o en uno de esos momentos en los que las palabras parecen no alcanzar. Pero detrás de ese contacto tan cotidiano ocurren respuestas que van más allá de una demostración de afecto.
La ciencia lleva años estudiando qué sucede cuando las personas reciben contacto físico y hasta qué punto puede influir sobre el bienestar.
Una de las investigaciones más amplias sobre el tema fue publicada en Nature Human Behaviour. Los investigadores realizaron un metaanálisis que reunió más de 200 estudios, con datos de miles de personas, para determinar cuáles son los efectos del tacto sobre la salud física y mental.
Los resultados mostraron que las intervenciones basadas en el contacto físico pueden generar beneficios tanto físicos como psicológicos. Entre los efectos observados en adultos estuvieron la disminución del dolor y mejoras relacionadas con la ansiedad y los síntomas depresivos.
Qué descubrió la ciencia sobre el contacto físico
El trabajo buscó algo mucho más amplio que determinar simplemente si «abrazar hace bien».
Los investigadores analizaron distintas formas de contacto y diferentes poblaciones para conocer cuándo, cómo y en quiénes podía producir mayores beneficios.
En adultos, los efectos más importantes sobre la salud mental estuvieron relacionados con ansiedad y síntomas depresivos, mientras que entre los beneficios físicos se destacó especialmente la reducción del dolor.
En recién nacidos, en tanto, el contacto mostró beneficios vinculados con distintos indicadores de salud y desarrollo.
Es importante hacer una distinción: esto no significa que un abrazo pueda tratar por sí solo una depresión, un trastorno de ansiedad o un dolor persistente. La investigación analiza al contacto como una intervención que puede contribuir al bienestar, no como un reemplazo de tratamientos médicos o psicológicos.
¿Por qué un abrazo puede hacernos sentir mejor?
El tacto es una de las formas más básicas de relacionarnos con nuestro entorno y con otras personas.
La piel posee receptores capaces de detectar presión, temperatura y otras características del contacto. Esa información viaja hacia el sistema nervioso y puede desencadenar diferentes respuestas fisiológicas y emocionales.
El contacto afectivo también ha sido relacionado con mecanismos involucrados en la regulación del estrés y los vínculos sociales.
Por eso muchas personas experimentan una sensación de calma después de recibir un abrazo de alguien cercano, especialmente frente a situaciones emocionalmente difíciles.
Sin embargo, el efecto no depende únicamente de lo que ocurre en la piel: el contexto y la relación entre las personas también importan.
Hay un detalle importante: el abrazo tiene que ser deseado
No todo contacto físico produce automáticamente bienestar.
La percepción que tiene la persona que recibe el abrazo es fundamental. Un contacto esperado y agradable no genera necesariamente la misma respuesta que uno incómodo, impuesto o proveniente de alguien con quien no existe confianza.
Por eso, hablar de los beneficios de abrazar requiere una condición básica: el contacto debe ser bienvenido.
El abrazo puede transmitir cercanía, seguridad, cariño, acompañamiento o consuelo cuando existe una relación en la que ese gesto resulta cómodo para ambas personas.
¿Cuanto más largo sea el abrazo, mejor?
Uno de los datos interesantes del metaanálisis es que la duración total de una intervención no necesariamente determinó que sus beneficios fueran mayores.
En cambio, los investigadores encontraron que una mayor frecuencia de las intervenciones de contacto estaba asociada con mejores resultados en algunos indicadores.
Esto obliga también a desconfiar de esas recomendaciones que circulan en redes sociales según las cuales un abrazo debería durar una cantidad exacta de segundos para «liberar» determinada hormona o conseguir un efecto específico.
La evidencia científica no establece un número mágico de segundos que convierta un abrazo en saludable.
El contacto humano importa durante toda la vida
Aunque las características y necesidades cambien, el tacto está presente desde nuestros primeros momentos de vida.
Abrazamos a un hijo para tranquilizarlo, a un amigo que atraviesa un momento difícil, a nuestra pareja como muestra de afecto o a alguien que acaba de recibir una buena noticia.
Y precisamente por ser tan cotidiano, puede pasar inadvertido.
La evidencia disponible muestra que el contacto físico positivo puede formar parte de las herramientas sencillas que contribuyen al bienestar, especialmente cuando existe confianza y es deseado por quienes participan.
No reemplaza un tratamiento ni existe una cantidad perfecta de abrazos que garantice sentirse mejor. Pero la ciencia aporta algo interesante sobre un gesto que los seres humanos realizan desde mucho antes de poder estudiarlo: el contacto con otras personas puede tener efectos medibles sobre cómo nos sentimos física y emocionalmente.