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Rebord acusó un “ataque” en la misma semana que el dueño de Blender se quedó con el Canal de la Ciudad

El negocio de la grieta no consiste en ganar la discusión, sino en administrar los dos micrófonos. En las oficinas de Puerto Madero donde opera Cale Group, el holding liderado por Augusto Marini, la ideología se traduce en gestión. A sus 31 años, este empresario consolidó una estructura en el ecosistema digital argentino: financiar y montar simultáneamente dos polos enfrentados de la escena vía streaming. De un lado del pasillo opera Carajo, la señal alineada con el oficialismo comandada operativamente por Daniel Parisini, alias el Gordo Dan. Del otro lado se ubica Blender, la opción de corte nacional y popular cuya nave insignia es conducida por Tomás Rebord. Un mapa bifronte que funciona como un engranaje de relojería política y comercial. Esta semana, el entramado corporativo de Marini avanzó hacia los medios tradicionales. El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires preadjudicó el gerenciamiento operativo del Canal de la Ciudad a Cale Group por los próximos cinco años.
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La oferta de Marini se distanció de los parámetros habituales: propuso un canon de 50 millones de pesos mensuales, frente al piso base de 10,75 millones exigido por la gestión de Jorge Macri, dejando fuera de competencia a la firma Argentinos Media. Para robustecer la propuesta en el plano técnico de la televisión por cable, el holding sumó en su vertical de medios a Liliana Parodi, histórica exgerenta de programación de América TV. Según explicaron fuentes del mercado a PERFIL, la transacción para el Ejecutivo porteño representa una conveniencia de caja y gestión: reduce costos operativos, recauda y transfiere el control a un operador privado con el objetivo de garantizar una transición ordenada en el distrito del PRO. La regularidad del holding se interrumpió el jueves por la noche en la pantalla de Blender, exponiendo las dinámicas de un sistema laboral desregulado. Durante la emisión del programa Último Aviso, conducido por Fiorella Sargenti, la transmisión se levantó en vivo en medio de reclamos por desvinculaciones y denuncias sobre la presencia de personal de seguridad en las instalaciones. Mientras la conductora aludió al aire a 30 afectados, el comunicado emitido al día siguiente por los trabajadores de Blender redujo la cifra a al menos 10 personas. La raíz del quiebre expone un choque presupuestario: los realizadores reclaman represalias tras exigir indexaciones salariales por inflación, supuestamente pactadas a comienzos de año, mientras la empresa sostiene que en enero se determinó reemplazar la actualización trimestral por una semestral. La respuesta corporativa de Cale Group se apoya en la normativa de la era de plataformas. Desde el holding le aclararon a PERFIL que “no existen despidos formales porque los afectados no eran empleados” en relación de dependencia: se trata de colaboradores independientes, monotributistas que facturan servicios y que habrían decidido interrumpir la negociación bajo la advertencia de colocar una placa negra en pantalla. Es el escenario de la economía digital, un territorio donde no interviene la institucionalidad de los sindicatos tradicionales sino la ley del contrato de locación de servicios. En Carajo y Blender el amparo gremial es inexistente, aunque fuentes cercanas a la empresa le admitieron a PERFIL que los realizadores intentarían organizarse bajo una nueva figura o cámara sectorial para mitigar la vulnerabilidad laboral. Mientras tanto, a miles de kilómetros, desde Estados Unidos, Tomás Rebord sumó su versión mediante un descargo en redes sociales. El conductor de Hay Algo Ahí, programa que tracciona los principales números de audiencia de Blender, expuso la falta de comunicación: aseguró que las autoridades no respondieron sus llamados y calificó la rescisión de su equipo como un ataque directo a su producción. Para sostener los ingresos de sus compañeros, Rebord anunció la reactivación del “Sistema Agob”, un esquema de financiamiento comunitario. El movimiento plantea una vía de independencia económica respecto de la billetera del holding y abre un interrogante en el círculo rojo sobre si las figuras del streaming actúan como creadores autónomos o como fusibles reemplazables en una estructura mayor. Mientras Blender interrumpió su programación, en Carajo se mantiene el silencio. Los intentos de PERFIL por obtener comentarios de Daniel Parisini no fueron respondidos. En redes, la militancia libertaria intenta presentar la crisis como una victoria ideológica del Gordo Dan, instalando la hipótesis de que el ala oficialista habría desplazado al equipo de Rebord por una disputa de audiencias. Sería, en rigor, una lectura para el consumo de la tribuna digital. El conflicto real, según fuentes cercanas a Marini le explicaron a este medio “respondería a un ajuste ordinario de costos” para equilibrar las cuentas de la vertical de medios del holding, coincidiendo con el periodo en que Marini debe afrontar los 50 millones de pesos mensuales del canon porteño. A última hora de este viernes, voceros de Cale Group le deslizaron en off a PERFIL que ambas partes intentarían acercar posiciones para destrabar el conflicto durante el fin de semana, mientras Rebord preserva el silencio desde el exterior. El lunes se sabrá si se retoma el aire o si se profundiza el apagón.



