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Política

Reconocido economista afirma: “La morosidad en el crédito es un síntoma de la crisis de ingresos”


El plan económico del Gobierno está atravesando un momento de estrés. El dólar se despertó y la actividad continúa estancada. Mientras, las familias enfrentan la crisis de ingresos tomando deuda, con niveles de morosidad que no dejan de subir. ¿Qué se puede esperar en el corto plazo?

“El programa económico está empezando a mostrar cuáles son los resultados que puede dar y cuáles no”, dijo a RÍO NEGRO Pablo Moldovan, especialista en macroeconomía y Director de C-P Consultora.“El programa sirvió para bajar la inflación hasta este nivel del 2% en el que estamos, y en otros sentidos es bastante amarrete: le cuesta crecer y mejorar la situación de ingresos generales”, agregó.

En esta entrevista con RÍO NEGRO, el economista habla sobre actividad, tipo de cambio, inflación y deudas, en un momento en que reina la incertidumbre.

PREGUNTA: ¿Cómo analiza el plan económico?RESPUESTA: Hay distintas decisiones del gobierno tratando de lidiar con la tensión de un programa que desinfla hasta un límite pero no puede desinflar mucho más, en una economía que para la gran mayoría de la población está prácticamente estancada, sobre todo en la dinámica de ingresos. En cuanto a lo cambiario, estamos viendo una transición. Se está terminando la primera parte del año, que siempre es positiva por la liquidación del agro, y en 2026 fue aún más positiva porque la economía argentina tuvo un shock de precios internacionales muy fuerte. De a poco esa etapa va quedando atrás y la política cambiaria tiene que reconfigurarse.

Hay un proceso de incipiente ajuste recesivo: el gobierno tiene una meta fiscal, esa meta obliga a bajar el gasto, esa baja impacta sobre la actividad, y la actividad termina afectando a la recaudación. Es un círculo vicioso, un perro que se muerde la cola.

P: Hace unos meses Ud. había dicho que el precio del dólar era insostenible¿A qué nivel ve el punto de equilibrio?R: Es difícil determinarlo, pero está claro que es un poco más arriba de donde estamos ahora. El esquema está buscando un nuevo equilibrio entre el precio del dólar y la tasa de interés. Más allá de que el superávit comercial aporta muchos dólares, el mercado sigue dependiendo fuertemente de los flujos financieros. Y esos flujos, en la primera parte del año, estuvieron muy apalancados en la estabilidad de un dólar a $1400. Ahora que empezó a moverse, el equilibrio financiero empieza a estar un poco más en duda. La sensación es que el esquema cambiario está buscando transicionar, probablemente hacia un esquema con un dólar algo más alto y una tasa de interés también más alta, que vuelva a encender los incentivos al carry trade en la segunda parte del año.

P: Por otro lado, cae la recaudación por la baja de actividad…R: Sí, efectivamente ahí hay lo que los economistas solemos llamar un proceso de incipiente ajuste recesivo: el gobierno tiene una meta fiscal, esa meta obliga a bajar el gasto, esa baja impacta sobre la actividad, y la actividad termina afectando a la recaudación. Es un círculo vicioso, un perro que se muerde la cola. Además hay un programa económico que, aunque no lo diga, le pone mucha responsabilidad al estancamiento de los ingresos para sostener la inflación baja. La masa de ingresos del grueso de la población está muy estancada, y ese dato conecta mucho mejor con la sensación que se tiene en la calle que, por ejemplo, el nivel producción, que está muy influenciado por sector petrolero, minero y agropecuario. En parte, es una decisión de política: el gobierno tiene un ancla de ingresos escondida y tácita para el proceso de desinflación.

P: ¿Qué impacto esa decisión de política en la economía real?R: Las actividades como la construcción, la industria y el comercio – que dependen fuertemente del mercado interno – encuentran en el ancla de ingresos un problema para crecer. A eso se suma la apertura comercial. Son muy pocos, en términos demográficos y geográficos, los sectores a los que les va bien, y hay un grueso de la economía ligado al mercado interno que está estancado o en caída.

P: ¿Qué desafíos enfrenta el gobierno en cuanto a lo financiero?R: El cronograma de deuda para el año que viene es muy desafiante. Argentina tiene mucho compromiso, algo heredado y algo generado por instrumentos que colocó este propio gobierno para gestionar el corto plazo. Hay alrededor de US$ 26.000 millones que afrontar. El gobierno acaba de presentar un programa financiero que no trajo muchas novedades. Lo que dijo, fundamentalmente, es que lo va a cubrir con compra de reservas del Banco Central y con colocaciones en el mercado local. Eso abre preguntas, porque son dos variables que funcionaron bien este año, pero no tanto el año pasado, que también fue electoral, como el que viene. Creo que el gobierno tiene una ventana de oportunidad de acá a fin de año para hacer una colocación en el mercado internacional a un precio que las autoridades consideren cómodo, y así armar un colchón que ayude a resolver el problema financiero del año que viene. Si el gobierno llega a 2027 con el programa financiero resuelto, lo más probable es que las tensiones sobre el dólar asociadas al proceso electoral sean cortas y no muy profundas. Si en cambio llegamos sin saber de dónde van a salir los dólares para pagar la deuda, esas presiones cambiarias van a ser mucho más prolongadas y van a complicar bastante la gestión del programa.

P: ¿Y qué hay en cuanto a la deuda de las familias? La morosidad está en niveles récord.R: La morosidad en el crédito es un síntoma de la crisis de ingresos. Expresa las dificultades de las familias en un momento en que la inflación bajó y el crédito se reactivó: muchos encontraron ahí un buffer para relajar un poco su situación. Cuando la inflación dejó de caer y la actividad se estancó junto con los ingresos, empezó a generar un conflicto en términos de pago.

P: ¿El gobierno quiere resolverlo?R: Sí, sostiene tasas de interés en pesos muy bajas. Pero los bancos se muestran claramente más conservadores: aprovechan la baja de tasas del gobierno para reducir el costo de fondeo y mejorar su margen. Dicho rápido: si los bancos ven que uno de cada diez créditos no se paga, empiezan a cargarle el costo de los que no pagan a los que sí. Así, aunque bajaron las tasas pasivas – las de los depósitos, vinculadas a la política del gobierno–, las tasas de los préstamos se mantuvieron altas. La experiencia internacional dice que este tipo de problemas se resuelve con programas del Banco Central más agresivos, que garanticen que las nuevas deudas se ofrezcan a tasas más bajas.

Esta es una economía que para crecer necesita desinflar mucho. Si desinfla poco, se estanca. Y si empieza a inflacionar, empieza a recesionar, como vimos a principios de este año.

P: El gobierno busca impulsar la inversión extranjera, con el Super RIGI, por ejemplo. ¿Lo ve como una herramienta virtuosa?R: Me cuesta verlo así. Creo que el Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) cumplió un rol ofreciendo, para algunos grandes proyectos vinculados a recursos naturales, un esquema de garantías que atrajo algunos flujos de inversión. Algo de eso se materializó, pero me parece que ya llegó a un punto de saturación: seguir profundizando beneficios al sector empresarial no necesariamente se traduce en mas dinamismo de la inversión. Para los sectores primarios exportadores se podría pensar en una estrategia más activa de desarrollo de proveedores locales. Pero en términos de movilización general de la economía, creo que lo que le falta es una mejora de los ingresos. Como el gobierno no puede soltar los ingresos en el marco de su estrategia de desinflación, que es su bandera y su compromiso electoral central, busca otras herramientas como el Súper RIGI. Pero todo lo que el gobierno viene haciendo para movilizar la actividad no está teniendo mucha eficacia. Y eso nos hace pensar que el escenario hacia adelante es más de estancamiento.

P: ¿Por qué más estancamiento?R: Al gobierno le va a costar mucho bajar la inflación lo suficiente como para dinamizar los ingresos. Esta es una economía que para crecer necesita desinflar mucho. Si desinfla poco, se estanca. Y si empieza a inflacionar, empieza a recesionar, como vimos a principios de este año. En el segundo semestre del 24, cuando el gobierno pudo bajar fuerte la inflación, los ingresos recuperaron. No se volvió a repetir, y la verdad es que las circunstancias hacen difícil pensar que algo parecido se reproduzca. Eso hace que el esquema luzca bastante amarrete en términos de lo que puede dar, incluso funcionando bien, para el dinamismo de los ingresos.

Perfil

Pablo Moldovan, es Máster en Finanzas (UdeSA) y Director de C-P Consultora.Especialista en finanzas con trayectoria en posiciones relevantes en la Secretaría de Política Económica y el BCRA.Ejerció la Dirección de Pellegrini SGFCI, una de las gestoras de fondos comunes de inversión más grandes del país.Participó y dirigió diversos proyectos de consultoría tanto en organismos internacionales como nacionales y empresas.En su labor docente se destaca la formación en posgrado en las áreas de macroeconomía, finanzas y evaluación de proyectos.

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