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Saber soltar no es negar la realidad ni reprimir lo que sentimos




No siempre somos responsables de los pensamientos que llegan a nuestra mente. Hay recuerdos, preocupaciones, críticas o miedos que aparecen sin haberlos invitado.

Pero sí somos responsables de cuánto tiempo les damos lugar.

La atención es nuestra energía. Allí donde ponemos nuestra atención, ponemos nuestra vida. Poco a poco terminamos convirtiéndonos en aquello en lo que invertimos nuestra energía.

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“Había una vez un maestro muy sabio que caminaba junto a sus discípulos por un largo sendero. Después de varias horas llegaron a un río. En la orilla había una mujer desesperada porque no podía cruzar.

El agua corría con fuerza y ella temía ser arrastrada. Sin decir una palabra, el maestro se acercó, la levantó en sus brazos, cruzó el río y la dejó sana y salva en la otra orilla. Luego continuó su camino como si nada hubiera ocurrido.

Los discípulos quedaron sorprendidos. Sabían que su maestro era extremadamente cuidadoso en su trato con las mujeres y procuraba mantener siempre el mayor recato posible.

Uno de los alumnos, sin embargo, no lograba sacarse la escena de la cabeza. Caminó durante horas en silencio, dándole vueltas al asunto. Cuanto más avanzaban, más lo inquietaba.

Finalmente, después de muchos kilómetros, no pudo contenerse más.

—Maestro, hay algo que no entiendo. ¿Cómo pudo cargar a aquella mujer? ¿No era impropio hacerlo? Fue falta de recato no?

El maestro lo miró con serenidad y respondió:

—Querido alumno, yo dejé a esa mujer en la otra orilla hace muchas horas, pero veo que tú todavía la sigues cargando.

Cuántas veces hacemos exactamente lo mismo?. Cargamos durante días, meses o incluso años una ofensa, un error, una discusión o un momento que ya pasó. El hecho terminó hace mucho tiempo, pero nosotros seguimos llevándolo sobre los hombros.

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La vida se vuelve mucho más liviana cuando aprendemos a soltar. No todo merece ocupar un lugar permanente en nuestra mente. Hay situaciones que necesitan una respuesta; otras simplemente necesitan que las dejemos en la otra orilla.

“Querido alumno, yo dejé a esa mujer hace muchos kilómetros, pero tú todavía la sigues cargando”.

Esa es una de las grandes lecciones de la vida. No podemos evitar que ciertos pensamientos entren en nuestra cabeza, pero sí podemos decidir si les damos alojamiento o simplemente los dejamos pasar.

Saber soltar no es negar la realidad ni reprimir lo que sentimos. Es dejar de alimentar aquello que no nos acerca a la persona que queremos ser.

Cada pensamiento al que volvemos una y otra vez consume una parte de nuestra energía. La pregunta es: ¿estoy invirtiendo mi atención en algo que me hace crecer o en algo que simplemente sigo cargando?

Porque, al final, la calidad de nuestra vida depende mucho menos de lo que nos sucede y mucho más de aquello que elegimos seguir cargando en nuestra mente.

Buen fin de semana.

Rafael Jashes – rabino en Valle Escondido

HOSPITAL VILLA LA ANGOSSTURA 294 449-4170
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