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Tranquilino Valenzuela: una vida dedicada al atletismo y al crecimiento del deporte neuquino

Con más de cuatro décadas vinculadas al atletismo, fue protagonista de una época en la que la provincia comenzó a desarrollar infraestructura deportiva y hoy disfruta de ver cómo las nuevas generaciones cuentan con mejores oportunidades para entrenar y competir.
La historia de Tranquilino Valenzuela se puede medir en medallas, marcas y competencias, pero quienes lo conocen saben que él prefiere medirlas en el camino que abrió para otros atletas en la Provincia.
El reconocido atleta del norte neuquino fue distinguido recientemente como Personalidad Ilustre de la Provincia, en reconocimiento a una extensa trayectoria y al aporte que hizo para el desarrollo del deporte provincial. Días antes, también había recibido un reconocimiento del gobernador Rolando Figueroa, durante la Expo Deportes, en una semana que -según sus propias palabras en RTN- “alegra el corazón”.
“Yo hice lo que hice y estos reconocimientos son producto de eso. Nosotros no hicimos nada para que esto ocurra”, expresó con la humildad que lo caracteriza al recordar las distinciones recibidas.
Valenzuela comenzó su trayectoria deportiva a comienzos de la década del `80. Primero transitó por el fútbol y luego encontró en el atletismo la disciplina en la que desarrollaría gran parte de su vida. En el camino contó con distintos entrenadores que fueron acompañando su crecimiento y que le permitieron avanzar desde las competencias regionales hasta alcanzar un lugar destacado en el atletismo nacional.
Como fondista, construyó una carrera marcada por la constancia, el esfuerzo y la resistencia. Los años de entrenamiento y competencia le permitieron alcanzar resultados que todavía lo mantienen entre los principales registros históricos de la maratón argentina.
Pero su historia excede ampliamente las marcas deportivas. Cuando Valenzuela comenzó a competir, la realidad de la infraestructura deportiva neuquina era muy diferente de la actual.
Durante buena parte de su trayectoria entrenó y compitió en la pista de asfalto del Centro de Deportes Nº1, una de las pocas alternativas disponibles en aquel momento.
El crecimiento de los resultados deportivos propios y de otros atletas neuquinos contribuyó a poner en evidencia la necesidad de contar con una infraestructura específica para el desarrollo del atletismo. “Los resultados míos y los resultados de otros chicos fueron importantes para convencer de alguna manera al gobierno de que era necesario hacer una pista de atletismo”.
Con el tiempo llegaron nuevas instalaciones. Primero fue la pista de polvo de ladrillo ubicada en la calle San Martín de los Andes al 7.800 y, posteriormente, el desarrollo de infraestructura de mayor nivel en la Ciudad Deportiva de Neuquén capital.
Para Valenzuela, la evolución de las instalaciones acompañó también el crecimiento y la profesionalización del deporte. En particular, destacó la actual pista sintética y el equipamiento disponible para las distintas disciplinas del atletismo.
“Hoy los jóvenes que se quieran insertar al atletismo tienen más oportunidades. Tienen la pista sintética en la Ciudad Deportiva y un depósito de material de primera que vino desde Polonia”, señaló.
La infraestructura, además, no sólo permite correr. Una pista de atletismo debe responder a distintas disciplinas, como los saltos y lanzamientos, y contar con equipamiento acorde con los estándares internacionales.
El deporte como escuela de vida
Más allá de los resultados, Valenzuela destaca otro aspecto que considera fundamental: lo que el deporte deja en las personas. “El haber hecho deporte no nos enseña solamente a correr, nos enseña a formarnos como personas”, sostuvo.
En su caso, los años dedicados a correr también significaron aprender a convivir con el esfuerzo, la paciencia y la perseverancia. Son valores que aparecen una y otra vez cuando repasa su recorrido.
“Hay tantas cosas importantes que hacer que te lleva a tomar las cosas con calma y, de esa manera, poder salir adelante”, explicó. Esta frase parece resumir también su propia manera de transitar una trayectoria de más de cuatro décadas: sin apuro, sin buscar reconocimientos y dejando que los resultados fueran hablando por sí mismos.
El reconocimiento de las nuevas generaciones
Uno de los aspectos que más valoró Valenzuela del reconocimiento recibido fue que la iniciativa surgiera de una generación más joven. El proyecto para distinguirlo como Personalidad Ilustre fue impulsado por Mateo Sánchez, un joven neuquino vinculado al deporte y que conoce a Valenzuela desde su infancia.
Según relató el propio atleta, Sánchez se acercó durante los últimos años, mantuvo conversaciones con él y finalmente le comunicó que iba a presentar un proyecto ante la Legislatura provincial. “Es un chico que tiene una idea y que, a veces, no es fácil que a la edad de él se presente un proyecto y que alguien lo considere”, contó.
El reconocimiento adquiere así una dimensión especial: una generación que toma como referencia a quienes construyeron parte de la historia deportiva de Neuquén y decide poner en valor ese legado.
Una nueva etapa
Después de 37 años de trabajo en el Estado y casi tres años de haberse jubilado de la pista de atletismo, Valenzuela transita actualmente una etapa diferente de su vida. “Disfruto de mis hijos, de mis nietos. Hago una vida fuera del trabajo, fuera del deporte”, contó.
Sin embargo, su historia permanece ligada al atletismo neuquino. No sólo por los resultados que alcanzó, sino también por haber sido parte de una generación que entrenó cuando las condiciones eran mucho más limitadas y que contribuyó, desde su lugar, a construir el camino para que hoy existan mejores instalaciones y mayores posibilidades para quienes eligen el deporte.
Su trayectoria permite mirar también la evolución de Neuquén: desde las primeras pistas de asfalto y el esfuerzo casi artesanal de los atletas hasta una infraestructura que hoy ofrece espacios y equipamiento de nivel internacional.
El reconocimiento como Personalidad Ilustre de la Provincia y la distinción recibida durante la Expo Deportes representan, en ese sentido, mucho más que un homenaje individual. Son también una forma de reconocer a una generación de deportistas que abrió caminos y dejó una huella para quienes hoy empiezan a recorrerlos.