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Un hallazgo del CONICET abre una nueva esperanza contra el cáncer de hígado

Médicos y especialistas descubrieron que bloquear una proteína específica reduce el crecimiento del carcinoma hepatocelular y al mismo tiempo favorece la respuesta del sistema inmune.
El equipo de médicos de Austral y CONICET que investigó el bloqueo de la proteína en animales. Foto: CONICET.
Científicos del CONICET en la Universidad Austral y colegas de otras instituciones identificaron una proteína como un potencial blanco terapéutico en el hepatocarcinoma (HCC), el tipo más frecuente de cáncer primario de hígado.
Este tipo de tumor suele desarrollarse en personas con enfermedades hepáticas crónicas y cirrosis, asociadas, entre otras causas, con las infecciones por los virus de la hepatitis B o C, el consumo crónico de alcohol y la enfermedad hepática asociada a alteraciones metabólicas.
A nivel mundial, el cáncer de hígado constituye la tercera causa de muerte por cáncer. A pesar de los avances en prevención y tratamiento de las enfermedades hepáticas, su incidencia continúa aumentando y en 2022 se registraron aproximadamente 866 mil nuevos casos.
Bárbara Bueloni, primera autora del trabajo e investigadora del Instituto de Investigaciones en Medicina Traslacional (IIMT), señala “que el interés de la proteína como blanco terapéutico radica en que su bloqueo podría actuar sobre dos componentes que contribuyen a la progresión del cáncer: por un lado, las propias células tumorales y, por otro, los mecanismos del microambiente que limitan la respuesta inmune. Esta combinación podría generar condiciones más favorables para que la inmunoterapia resulte efectiva”.
Aplicación: un desafío del futuro
El trabajo se encuentra todavía en una etapa preclínica, ya que los ensayos se realizaron en modelos animales. “Los resultados obtenidos constituyen una prueba de concepto de que inhibir la proteína puede reducir el crecimiento tumoral y, al mismo tiempo, mejorar la respuesta a la inmunoterapia en determinados modelos de tumor.
Sin embargo, el compuesto utilizado para bloquear esa proteína en estos experimentos es una herramienta de investigación y no un fármaco desarrollado para su administración en personas”, afirma Guillermo Mazzolini, líder del avance, investigador del CONICET, médico del Programa de Hepatología y Terapia Génica en el Instituto de Investigaciones en Medicina Traslacional (IIMT, CONICET – Universidad Austral).
En ese sentido, puntualiza que “uno de los próximos desafíos es, por lo tanto, avanzar hacia el desarrollo de inhibidores de SMYD2 con características adecuadas para el desarrollo clínico, que combinen potencia y especificidad con propiedades farmacológicas y un perfil de seguridad apropiados. Esto requerirá nuevos estudios para evaluar su eficacia, farmacocinética y toxicidad antes de poder plantear los primeros ensayos clínicos”.