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Política

122° aniversario: el arte y la otra cara de Neuquén capital


*Por Glasiel Leal

Durante mucho tiempo, hablar de Neuquén fue sólo hablar del “oro negro” y de una actividad económica que transformó el paisaje y que la convirtió en uno de los principales centros económicos de la Patagonia. Pero debajo de esa imagen existe otra ciudad, una que no se mide en barriles ni aparece en las estadísticas, sino que se descubre en sus paredes, en los escenarios improvisados, en los estudios donde nacen canciones y en los espacios donde una nueva generación encuentra en el arte una forma de expresarse.

La ciudad creció y, con ella, también cambiaron las maneras de habitarla. Hoy, caminar por Neuquén implica encontrarse con una escena cultural cada vez más diversa, disciplinas de todo tipo conviven en distintos puntos de la capital, gracias a quienes aprendieron de manera autodidacta, con amigos o que encontraron en las redes sociales una herramienta para mostrar lo que hacen. Marcan otro ritmo: el de un entramado cultural en construcción.

Las paredes también hablan

El cambio puede verse en las calles. Para Pabla Arias, artista urbana e ilustradora conocida como “Miss Ojos”, el crecimiento del grafiti es cada vez más evidente.

Los encuentros de pintadas y las intervenciones urbanas se multiplican en Neuquén y en distintas localidades del Alto Valle. “No puedo dar una estadística, pero todos los días nace un grafitero o grafitera nueva. Eso se puede observar en los nuevos tags que aparecen en las paredes”, explica.

Cada firma, dibujo o mural convierte a la ciudad en un archivo a cielo abierto y en una forma de apropiación del espacio público.

Una canción para una generación

Algo similar ocurre con la música. Camilo Bilardo, “Bilar”, comenzó a producir beats durante la preadolescencia y encontró en la música una manera de poner en palabras aquello que necesitaba expresar. Hoy busca transmitir mensajes a su generación y explorar diferentes géneros, desde el folclore y el tango hasta el rap, el rock nacional y la música urbana.

“La música es mi hoja de calcar”, cuenta. Para él, Neuquén tiene una escena artística con mucho potencial, aunque todavía permanece escondida detrás del miedo o de nombres que parecen tener más peso. Sin embargo, observa que nuevos proyectos y artistas están empezando a abrir espacios para que esas voces puedan circular.

Bailar, vestirse, moverse

La misma búsqueda aparece en otras expresiones. Las hermanas Lu y Flor Granchelli, de 21 años, encontraron en el K-pop y la danza una forma de expresión y encuentro: enseñan, participan en competencias y comparten sus coreografías en redes sociales.

Kendra Brilloni, desde el modelaje y la moda, construye otro de esos circuitos creativos a través de producciones fotográficas, pasarelas y contenidos digitales. Y en una disciplina menos conocida, Nicolás Dolce trabaja en “Vañka” con la rueda alemana, una práctica circense que suma movimiento y espectáculo a la escena local.

A ellos se suma Ignacio Robles, DJ que lleva su música a bares, espacios gastronómicos, encuentros al aire libre y eventos vinculados al deporte urbano.

Neuquén no dejó de ser la ciudad del petróleo, simplemente empezó a mostrar otras caras. Porque una ciudad también se construye con quienes la pintan, la bailan, la musicalizan y la imaginan diferente. Y quizás ahí esté su verdadero brillo, en todo aquello que sucede en la superficie mientras el petróleo sigue moviéndose bajo tierra.

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