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Otro invento argentino: crearon una máquina para bañar perros




Como un “laverap” o un lugar para lavar autos, estos emprendedores son furor y ya venden el equipo que idearon. Inventaron una máquina que te permite ir con tu perro y lavarlo, cómodamente, sin enchastrar tu casa. Fotos: Lavedog
Todo empezó con una imagen tan común como desesperante: un perro inquieto, un baño hecho un caos y una familia agotada después de intentar bañarlo en un departamento. Esa escena, que muchos tutores conocen de memoria, fue el disparador de una idea que hoy se convirtió en un negocio innovador dentro del mercado pet de la ciudad de Buenos Aires.Flavia Marcos y Pablo Galloni, matrimonio y socios, no buscaron la solución en el exterior ni en una franquicia importada. La crearon ellos mismos. Así nació Lavedog, la primera estación de baño autoservicio para perros desarrollada y fabricada íntegramente en Argentina.La inspiración fue cercana y emocional: Nala, la perrita de la hermana de Flavia, que hacía del momento del baño una verdadera odisea. Entre el estrés del animal, la falta de espacio y la incomodidad del hogar, apareció una pregunta simple pero poderosa: ¿y si existiera una forma fácil, rápida y amigable de bañar a los perros sin llevar el problema a casa?La respuesta fue tan clara como innovadora: un “laverap”, pero para perros.Un baño express, sin estrés y hecho con amorEl funcionamiento de Lavedog es intuitivo y pensado para todos. El tutor paga con QR, activa la máquina y puede bañar a su mascota con agua caliente, shampoo dosificado y secado incluido. Sin turnos, sin peluquerías, sin apuros.“Son baños express, pensados para no estresar al perro”, explica Flavia. En apenas 10 minutos se puede bañar un perro pequeño, y entre 20 y 30 minutos uno mediano o grande. El tiempo justo para cuidar, conectar y resolver una necesidad cotidiana.Lo más destacado es que la máquina no fue adaptada de ningún modelo previo. Pablo, ingeniero y emprendedor inquieto, la diseñó desde cero. Es resistente, se adapta a todos los tamaños de animales y requiere muy poco mantenimiento. Desde la idea hasta el primer prototipo funcional pasaron solo tres meses.Probar, ajustar y validar: el local como laboratorioAntes de pensar en vender el invento, Flavia se dedicó a investigar. Quería saber si esa dificultad que vivía su familia era compartida por otros tutores. El resultado fue contundente: la necesidad existía y era masiva.En octubre de 2024 abrieron su primer local en el barrio de Flores, que funcionó como un verdadero laboratorio. Allí ajustaron detalles, escucharon a los usuarios y confirmaron algo clave: la gente estaba dispuesta a pagar por un baño express hecho por ellos mismos.“La gente se va feliz”, resume Flavia. Y los números lo confirman: una reputación de 4,9 estrellas en Google, con más de 230 opiniones.De un local propio a una oportunidad para otros emprendedoresHoy, aunque por el local pasan alrededor de 160 perros por mes, el foco de Lavedog está puesto en algo más grande: vender la máquina a otros emprendedores que quieran ingresar o crecer dentro del mercado pet.Cada estación cuesta alrededor de 10.000 dólares, se fabrica en 60 días y se instala con una facilidad sorprendente. “Es más simple que instalar un lavarropas”, explica Flavia. Solo necesita conexión eléctrica, agua y desagüe.Esto abre un abanico enorme de posibilidades: pet shops, veterinarias, barrios cerrados o emprendimientos exclusivos de lavado canino. Incluso desarrollaron una versión más simple, pensada solo para enjuagues rápidos, ideal para clubes, balnearios o espacios recreativos. Ese modelo ya funciona en un balneario canino de Mar del Plata.A eso se suma un valor cada vez más importante: la eficiencia. La máquina consume muy poca agua, lo que la convierte en una opción ecológica y sostenible.Compartir lo aprendido para que otros despeguenCon un año de experiencia real, Lavedog también ofrece mentorías para quienes compran la máquina. Comparten todo lo aprendido: tiempos de baño, gestión del negocio, atención al cliente y estrategias comerciales. El objetivo es claro: que el emprendedor pueda enfocarse rápido en vender y crecer.El retorno de la inversión, según su experiencia, puede lograrse entre cinco y ocho meses. Con dos empleados el negocio funciona sin inconvenientes, aunque también puede ser atendido por el propio dueño.Flavia combina su rol en el emprendimiento con su profesión y la crianza de tres hijos. “No requiere tanto”, dice, pero detrás de esa frase hay horas de trabajo, prueba y convicción.Cuando una necesidad real se convierte en oportunidadCon máquinas ya vendidas, consultas en marcha y un modelo validado en la práctica, Lavedog se consolida como una propuesta sólida para quienes buscan emprender en uno de los sectores que más crece en Argentina: el mundo pet.La historia de Flavia y Pablo demuestra que muchas veces las grandes ideas no nacen en una oficina, sino en la vida cotidiana. En un baño desordenado, en un perro inquieto y en la decisión de no resignarse al “siempre fue así”.Porque emprender, al final, también es eso: detectar un problema, ponerle corazón y animarse a crear una solución.