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Gastón Dalmau reveló el difícil diagnóstico que marcó su infancia y su lucha por sanar

En una entrevista íntima con Mario Pergolini, el actor de Casi Ángeles abrió su corazón sobre el síndrome nefrótico que condicionó su niñez.Gastón Dalmau relató cómo logró vencer un delicado cuadro renal que marcó sus primeros años de vida.
La trayectoria artística de Gastón Dalmau, recordado mundialmente por su paso en la exitosa tira juvenil Casi Ángeles, suele asociarse a las luces, los escenarios y la fama. Sin embargo, detrás de esa imagen de éxito, el actor atravesó una infancia marcada por la incertidumbre y la fragilidad física. Durante su reciente visita al ciclo Otro Día Perdido, conducido por Mario Pergolini, Dalmau dejó de lado los temas habituales de la farándula para relatar, por primera vez, el complejo diagnóstico que recibió a los tres años: el síndrome nefrótico. Esta patología renal no solo puso en riesgo su salud, sino que obligó a un niño pequeño a vivir una vida totalmente opuesta a la de sus pares, teniendo una rutina de cuidados extremos que, inevitablemente, afectó su capacidad de socializar durante sus años formativos.Una infancia entre restricciones y corticoidesLa vida de Gastón durante gran parte de su niñez estuvo dictada por un régimen riguroso. El propio actor confesó que la enfermedad le imponía limitaciones sociales, siendo la principal la imposibilidad de compartir juegos y actividades con otros niños debido a sus bajas defensas. La rutina escolar y social, que para cualquier niño es sinónimo de libertad, para él era un terreno cargado de precauciones. «No podía comer con sal, iba a los cumpleaños con mis galletitas sin sal», recordó con naturalidad, aunque admitiendo el peso emocional que esto le generaba al sentirse siempre diferente. A esto se le sumó el uso prolongado de corticoides, un tratamiento necesario pero con efectos físicos visibles, como la hinchazón en el rostro, que lejos de pasar desapercibido, lo hizo blanco de las miradas en una edad donde la identidad y el sentido de pertenencia son fundamentales.A pesar de la dureza del cuadro, Gastón destacó el valor de la contención familiar. Acompañado por sus padres y dos hermanos mayores, encontró en el hogar el refugio necesario para sobrellevar los miedos de una enfermedad crónica. «Hice terapia y tuve mucha contención; siempre fui como el consentido», admitió el actor, subrayando que el apoyo emocional fue la columna vertebral que le permitió procesar las limitaciones de salud sin caer en la desesperanza ni en la tristeza. Para él, el entorno no solo se encargó de vigilar su alimentación o su medicación, sino también de proteger su salud mental frente a la amenaza de complicaciones graves, como una diálisis o un trasplante, escenarios que los médicos nunca descartaron del todo.El desenlace de su enfermedad, tal como explicó en la entrevista, tenía dos caminos para su cuadro: la cronicidad o la mejoría espontánea gracias a los cambios hormonales de la pubertad. Afortunadamente, su organismo respondió favorablemente durante la adolescencia. El testimonio de Gastón no solo visibiliza una enfermedad poco frecuente, sino que pone en valor la importancia de la contención profesional y el afecto incondicional de la familia.