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Se compra menos y se exprime la tarjeta: un estudio reveló los números

En los hogares de la Argentina los gastos se analizan con lupa, los precios determinan qué comprar y se pone al rojo el resumen de las tarjetas de crédito. Una radiografía del consumo en nuestras casas hizo la Universidad de Palermo. Foto: archivo
El comienzo de 2026 encontró a las familias argentinas haciendo cuentas más finas que nunca. El nuevo informe del Índice de Consumo Privado (ICP-UP), elaborado por la Facultad de Negocios de la Universidad de Palermo, confirmó lo que ya se percibe en muchos hogares: el consumo no logra despegar y la prudencia se volvió regla.En enero, el indicador mostró una leve suba mensual de apenas 0,1%. Un respiro mínimo después de varios meses en baja. Pero cuando se mira el espejo del año anterior, la imagen cambia: el consumo cayó 1,5% interanual y sumó su segunda retracción consecutiva. La estabilización, entonces, no alcanza para hablar de recuperación.El año pasado había dejado señales mixtas. Mientras el Indicador de Consumo de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios marcó una mejora promedio, hacia diciembre volvieron las caídas. Otros relevamientos mostraron repuntes que acercaban el nivel de gasto a los años 2022 y 2023, pero el cierre fue más frío: la inflación dejó de desacelerarse y el entusiasmo se apagó.Las decisiones cotidianasDetrás de los porcentajes hay decisiones cotidianas. Menos carne en la mesa —con una baja interanual del 6,5%— y más control en las compras esenciales. Aunque las ventas de combustibles repuntaron hacia fin de 2025, el consumo masivo sigue condicionado por ajustes puertas adentro. Cada visita al supermercado implica elegir qué se lleva y qué se deja.Algunos rubros muestran pequeñas luces: jugueterías, ropa y calzado lograron leves subas. Sin embargo, incluso el crédito, que suele ser un salvavidas en tiempos difíciles, empezó a perder impulso. Las compras con tarjeta de crédito crecieron 11,7% interanual en enero, pero muy lejos del ritmo cercano al 20% que se veía meses atrás. La tarjeta ya no es sinónimo de expansión, sino una herramienta administrada con cautela, muchas veces para financiar gastos básicos y no para darse gustos.En los bienes durables también se siente el freno. El patentamiento de automóviles cayó 4,2% interanual y cortó una racha de 17 meses en alza. Las motos, más accesibles, siguen creciendo. En el mercado inmobiliario, el crédito hipotecario se mantiene activo, pero las escrituras en la Ciudad de Buenos Aires muestran señales de moderación. Comprar una casa sigue siendo un anhelo, aunque más medido.La recreación tampoco escapa a la prudencia. Los restaurantes tradicionales en la Ciudad de Buenos Aires registraron una nueva caída interanual en diciembre. Salir a comer, para muchas familias, volvió a ser un lujo esporádico.“El consumo continúa en una zona de fragilidad”, advirtió Gabriel Foglia, decano de la Facultad de Negocios de la Universidad de Palermo. La frase resume el clima: no hay desplome abrupto, pero tampoco señales firmes de recuperación. Lo que predomina es la cautela.Así, el inicio de 2026 muestra a los hogares argentinos sosteniendo el equilibrio con esfuerzo. La estabilización mensual es un dato técnico; en la vida real, significa planificar más, postergar decisiones y usar la tarjeta con mayor cuidado. El consumo ya no es motor, sino termómetro de una economía que todavía busca señales claras de alivio.