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Delito juvenil: por qué bajar la edad no cambiaría el escenario

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El proyecto que impulsa llevar la edad de imputabilidad a 14 años volvió al centro del debate. Desde la Justicia de Neuquén cuestionaron su enfoque y alertaron sobre sus limitaciones. La entrevista.El fiscal Germán Martín analizó el debate por la baja de la edad de imputabilidad.
El debate por la baja de la edad de imputabilidad volvió a instalarse en el Congreso Nacional, donde se analiza un proyecto que propone reducirla de 16 a 14 años, una iniciativa que genera fuertes cuestionamientos desde distintos sectores del sistema judicial y académico.El tema fue abordado en Más Vale Tarde por AM Cumbre 1400, en el marco de una entrevista que puso el foco en el impacto real que tendría la medida sobre la inseguridad y el delito juvenil.En ese contexto, el fiscal de Delitos Juveniles del Ministerio Público Fiscal de Neuquén, Germán Martín, explicó en diálogo Juan Pablo Iozzia y Lucas Hernandorena que la baja de la edad no resolverá el problema del delito y advirtió que se trata de un proyecto poco consensuado, con un enfoque técnico anticuado y alejado de las recomendaciones internacionales.Martín sostuvo que el porcentaje de delitos cometidos por adolescentes es mínimo en relación al total y que la idea de que encarcelarlos reducirá la inseguridad es una falacia estadística. En ese sentido, remarcó que en Neuquén se trabaja prioritariamente con dispositivos de acompañamiento en libertad, buscando intervenir sobre las causas del delito y no solo sobre sus consecuencias.El fiscal señaló que la deserción escolar, la vulnerabilidad social, los consumos problemáticos y la violencia estructural son factores determinantes en la conducta delictiva juvenil, y que una reforma legal debería ir acompañada de una fuerte inversión en políticas de prevención y resocialización.Finalmente, advirtió que legislar en contextos de alta sensibilidad social o tras hechos graves puede llevar a decisiones apresuradas, y planteó la necesidad de evaluar cualquier cambio normativo en el corto plazo para evitar que el fracaso de la medida derive en una única respuesta: más cárcel, sin soluciones de fondo.La entrevistaGermán Martín – Fiscal de Delitos Juveniles del Ministerio Público Fiscal de Neuquén— Germán, en el Congreso se está debatiendo la baja de la edad de imputabilidad. ¿Cuál es tu primera mirada sobre este proyecto?— Lo que se está tratando es la baja de la edad de imputabilidad, de 16 a 14 años. En un primer momento se hablaba de 13, pero finalmente quedó en 14. La verdad es que es un proyecto que se conoce poco, que no ha sido consensuado con operadores del sistema, con la academia ni con organismos internacionales. Más allá de la edad, es un proyecto técnicamente anticuado y con un vocabulario que también responde a paradigmas muy viejos.— ¿A qué te referís cuando hablás de un lenguaje anticuado?— Trabaja con un paradigma técnico atrasado. Por momentos habla de “curación”, como si el delito fuera una enfermedad y los chicos que delinquen fueran enfermos. Eso es un modelo de finales del siglo XIX. Además, se apoya en un sistema procesal inquisitivo que las provincias ya superamos hace tiempo.— En la calle, muchos vecinos creen que bajar la edad y encarcelar adolescentes va a reducir el delito. ¿Eso es así?— En términos estadísticos es una falacia muy grande. El porcentaje de delitos cometidos por adolescentes es ínfimo dentro del total: en muchas provincias está por debajo del 1% y como máximo llega al 5%. No va a impactar en la inseguridad general. Es más una ilusión que una solución real.— ¿Qué pasa hoy con los adolescentes que cometen delitos en Neuquén?— Trabajamos incluso con chicos de 14 y 15 años, aunque estén por debajo de la edad de imputabilidad. Hay dispositivos específicos y se trabaja de manera muy artesanal con los recursos que hay. En general intentamos trabajar en libertad, porque hacerlo encerrados es como aprender a jugar al fútbol en un ascensor: es muy difícil.— ¿La cárcel no es una opción entonces?— Yo no digo no a la cárcel en todos los casos. Cuando hay reiterancia, mucha violencia, integración a bandas, a veces hay que sacarlos de circulación porque generan daño. Pero hay que discutir qué tipo de cárcel y en qué contexto. Nosotros tenemos chicos condenados a prisión efectiva también.— ¿Cómo funciona el proceso cuando hay delitos graves?— A partir de los 16 años pueden recibir penas. Lo que hacemos es aprovechar ese tiempo previo al juicio de pena para trabajar en un proceso de resocialización en libertad, lo que se llama tratamiento tutelar. Intentamos hacer antes lo que la cárcel de adultos intenta hacer después con el castigo.— ¿Y eso funciona?— A veces sí, a veces no. Pero funciona mucho más que el encierro automático. Si hubiera más recursos dedicados a esto, funcionaría todavía mejor.— Desde tu experiencia, ¿qué es lo que está fallando para que un adolescente llegue al delito?— El primer síntoma es la deserción escolar. La escuela no los motiva, especialmente en el paso a primer año. Después viene la desregulación familiar, territorial, el grupo de pares, los consumos problemáticos, la construcción de la masculinidad, el acceso a armas y barrios muy degradados. Todo eso influye. Y también una sociedad cada vez más violenta.— ¿El delito juvenil es un problema creciente?— Estadísticamente no es creciente, pero sí es un problema que merece atención. No son los enemigos públicos ni mueven la aguja de la inseguridad, pero existen y hay que abordarlos con políticas reales, no solo con respuestas punitivas.— ¿Qué debería acompañar una eventual reforma legal?— Inversión fuerte en prevención. Es mucho más barata y efectiva que el encarcelamiento. El problema es que los resultados preventivos no son tan visibles como un chico preso, pero están probados como más eficaces.

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