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Vale: la asesora de imagen neuquina que convirtió la timidez en una comunidad de miles de mujeres

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De la niña que curioseaba las tendencias de moda con revistas prestadas a la profesional que hoy ayuda a otras mujeres a encontrar su propia voz a través de la ropa. Valeria Daposo, una precursora en el mundo de la asesoría de imagen que apostó a hacer de su pasión una profesión y logró vencer su timidez para posicionarse como influencer en la región.
La historia de Vale no comienza en las luces de una pasarela. A los ocho años, esa niña que hoy se reconoce como ‘recontra vergonzosa’ ya sentía una pulsión que era más fuerte que su timidez: la curiosidad por las mujeres y sus relatos visuales. «Había una fantasía en mí que despertaba un fuerte interés por cómo se veían las mujeres «, recuerda sobre esos años donde el deseo de observar vencía cualquier rastro de inhibición. Los años pasaron y, con ellos, trascendió etapas, proyectos profesionales, trabajos, hasta que se animó con una incipiente propuesta para formarse como asesora de imagen en un instituto educativo de Neuquén. Ella, que ya había investigado sobre la actividad en otros países del mundo, supo desde el primer momento que había encontrado su vocación. Lejos de pensarlo como un hobby y con una convicción latente, salió al ruedo y apostó a sus habilidades y conocimientos para acompañar a las mujeres en la búsqueda de su propio estilo de vestimenta. En tiempos de pandemia, se reinventó y descubrió en la pantalla de su celular un velo que le quitaba la timidez y le permitía continuar con su pasión, pero ahora para un cúmulo de mujeres anónimas que comenzaron a seguir sus contenidos, muchos de ellos vinculados a la actividad de mujeres emprendedoras que necesitaban difundir sus productos. Vale se posicionó entonces como una persona clave para ellas porque las ayudaba a mostrar las prendas y aumentar sus ventas. Ese ejercicio de comunicación constante con su comunidad y el trabajo colaborativo con las emprendedoras le dieron la confianza y la dinámica necesaria para reseñar ferias cuando la presencialidad fue un hecho. Como una catarata imparable para atender a la demanda y devenida como una referencia palpable en el ambiente, se metamorfoseó en docente, influencer, presentadora de eventos, y hasta en empresaria cuando decidió aventurarse a su propia feria de emprendedoras. Curiosa, innovadora, inquieta, resiliente, Vale, aún tímida, afirma que transitó su propio camino para sentirse segura y a gusto con su reflejo y que esa es la clave que pretende contagiar a sus clientas. Ella, que nunca se consideró diseñadora pero que alguna vez hizo caso omiso al concepto de vestirse a la moda, hoy es una referente patagónica en la creciente revolución de vestirse con sentido.El origen de la miradaEse deseo de observar fue su primer contacto con el diseño de una identidad. Sin revistas de moda en casa y sin ninguna asociación directa con el mundo de los vestidos, los tacos y los sombreros, su primer estudio fue el mostrador de un kiosco de barrio en el que la parada era obligada durante su trayecto a la escuela. Allí, pedía permiso para ojear las páginas que retrataban princesas y actrices, buscando descifrar el código secreto de cómo se presentaban ante el mundo. En ese mostrador de kiosco, sin saberlo, estaba realizando sus primeras auditorías de imagen. La niña, que nació en Buenos Aires y que en su temprana infancia se instaló en Neuquén, ya entendía que la ropa contaba una historia, y ella quería aprender a leerla.Esa infancia fue también un territorio de libertad creativa antes de que llegara la etapa de la sensación de los juicios externos. Vale recuerda que se vestía un poco raro o distinto, mezclando prendas, texturas o colores que en teoría no tendrían una relación o no respondían a una composición habitual. Era el juego puro de la identidad, una etapa que luego se vería interrumpida por el filtro habitual de la adolescencia. “Hay un momento en donde de repente dejas de hacer eso que te gustaba y empezás a querer parecerte a lo que te rodea”, relata con la perspectiva que dan los años. Sin embargo, esa semilla de autenticidad quedó guardada, esperando el momento exacto para volver a brotar.Ordenada, prolija, estudiosa y algo estructurada, se trasladó a Mendoza para formarse como abogada. Pronto volvió a Neuquén con un proyecto vocacional que, aunque llevaba con el éxito que otorga la disciplina, se tornó vacilante y la llevó a buscar otras áreas de aprendizaje como profesorado de historia y gastronomía. Sin embargo, un mail que recibió casi por casualidad sería la antesala a ese mundo mágico que continuaba latiendo en su interior: una formación profesional en asesoría de imagen. Todo se ajustaba a la perfección. Vale había conseguido un trabajo en el ámbito público y el curso de dictaba por la tarde así que, sin dudarlo, al otro día se inscribió. “Yo sabía que era ahí, ahí me quedaba”, confiesa mientras compara la seguridad de esos días de 2007 con las dudas y miedos que había atravesado al terminar el secundario. Su convencimiento era tal que depositó absoluta confianza en el naciente proyecto académico del que no había antecedentes, ni egresados a quienes consultar o docentes con esa formación específica. Su avidez por aprender la llevaba a investigar el desarrollo de la profesión en otros países de Latinoamérica y de Europa. La tendencia era creciente y comenzó a anotarse en cuanto curso hubiera aquí y allá, concluyendo que la propuesta de Neuquén era de avanzada para el termómetro nacional. Recibió su título junto a contables colegas y se lanzó al ruedo, con la promesa interna de nunca dejar de aprender.El desafío del vestidorLanzarse al ruedo en una profesión inexistente en la región fue, para ella, un ejercicio de persistencia. “Yo le tenía que explicar hasta a mi mamá de qué se trataba el asesoramiento de imagen porque nadie sabía lo que era”, cuenta mientras recupera esa etapa en la que remaba un poco sola en la amplitud del océano, esforzándose por diferenciarse de las diseñadoras. “Yo explicaba que ayudaba a las mujeres a vestirse y enseguida venía la pregunta ‘quien te va a pagar para que la ayudes a vestirse’ y se ponía difícil”.Las primeras clientas no llegaron por grandes campañas publicitarias, sino por su sensibilidad para explicar los beneficios de su asesoramiento. “No tenía nada de nada y de manera autodidacta armé mi primera cajita de telas en una sedería para hacer pruebas de color cuando aún no era posible comprar un set de telas”.  Vale aún recuerda en detalle a sus primeras clientas, aquella que le pidió ayuda para seleccionar prendas claves que integrarían una pequeña valija con la que empezaría una nueva etapa en otra punta del mundo, o aquella médica que acompañó las dos últimas décadas, convirtiéndose en una especie de asesora de vida. Ellas, entre muchas otras, fueron sus grandes maestras: mujeres reales que buscaban en la ropa un refugio o una armadura, y a quienes ella empezó a guiar para que encontraran, finalmente, una expresión de libertad.Aquella vocación incipiente se consolidaba con cada transformación propia, confirmando que la asesoría de imagen era, en realidad, una herramienta de empoderamiento personal que apenas empezaba a dar sus primeros frutos en el Alto Valle.Su propuesta inicia con una reunión virtual en la que se acuerda una visita a la casa de su clienta porque es el lugar donde se sienten seguras y se pueden abrir un poco más. Allí no habla de restricciones, ni imposiciones, sino de un proceso conjunto para descubrir la propia identidad. “Empiezan diciéndome que no saben cómo vestirse, pero en realidad lo que les pasa es que tienen problemas con su cuerpo, que se sienten inseguras con cuestiones físicas que en definitiva lo que hacen es limitarlas en la manera de comportarse, de estar en la vida”, afirma con la honestidad de quien transitó los mismos avatares. “Nos vamos ‘tapando’ para no sentirnos tan expuestas o tan vulnerables y amigarse con el cuerpo es un desafío para valientes”, dice en el convencimiento de que hay un montón de maneras de verse bien.Vale descubrió pronto que su trabajo no consistía en imponer una moda, sino en ayudar a las mujeres a reconciliarse con su reflejo. “Quienes me contratan saben que no vamos a hacer solamente la depuración del guardarropa. Vamos a ir un poquito más allá. Todas tenemos ropa que tenemos y no usamos, ropa que no dice nada de nosotras y busco que juntas busquemos nuestra mejor versión”, señala como el punto de partida de un trabajo conjunto en el que señala como logro cuando sus clientas pueden definir qué quieren de si mismas. Trae a cuento experiencias de cuando anima a sus clientas a probarse algo en una tienda que jamás imaginaron vestir. “Cuando abren el probador y les veo la sonrisa, esa sonrisa de ‘qué linda soy’ para mí lo es todo, es la mejor recompensa porque les ofrezco la oportunidad de verse  y se encantan”. Ese proceso de aprender a mirarse que hoy predica nació ahí, entre perchas y espejos ajenos a la par de un cambio de paradigma en este lado del mundo respecto a los estereotipos de belleza y las miradas sobre cuerpos ajenos. “Celebro que hoy se promueva un camino mucho más profundo que apunta a reflejar tu identidad con lo que vestís, si te sentís identificada, si habla de vos, si está alineado con tus valores, si te representa, si hay una coherencia entre eso que te querés poner y quién sos vos”, defiende esta mujer de 50 años que sin dudas marca un estilo al vestir, al caminar, al hablar, al habitar el mundo y asume su tarea con responsabilidad consciente.  “Abrir el placard de una mujer es abrir su historia, su intimidad, su vulnerabilidad», define Vale, agradecida de la confianza total que muchas mujeres depositan en ella cada vez que comienzan pidiéndole ayuda para su vestuario y terminan en espacios de escucha activa y empática. “Son mis clientas, no somos amigas, no hay vínculo emocional. Eso me da la distancia suficiente para sugerir con objetividad a pesar del grado de intimidad que logramos muchas veces.”La pantalla como velo: El salto a la redCuando el mundo se detuvo en 2020, Vale encontró en la crisis el motor para su mayor transformación. La mujer que aún hoy se define como tímida descubrió que la lente de su celular funcionaba como un filtro protector: «la pandemia fue para mí un punto de inflexión porque me animé a mostrarme «, confiesa. Lo que comenzó como una forma de mantenerse activa durante el encierro, se convirtió en una herramienta poderosa para fortalecer sus servicios como asesora de imagen.Empezó a generar contenidos genuinos, alejados de las fotos de Pinterest que a menudo solo producen frustración. Su enfoque fue innovar desde lo real, mostrando cómo adaptar las tendencias a los cuerpos y, a la vez, generando una vidriera digital que permanentemente mostraba productos de decenas de emprendedoras que buscaban alguien que las ayude a llegar a sus potenciales clientes. Esa honestidad digital atrajo a un cúmulo de mujeres anónimas que buscaban algo más que moda: buscaban representación. En ese intercambio constante, Vale no solo enseñó a vestirse, sino que generó networking con otras mujeres trabajadoras y empezó a delinear sus primeros pasos como influencer. “Me llegaban prendas de emprendedoras que querían que las muestre y me animaba a mostrarme completa, entera. Después mi papá me llamaba para decirme que me estaba viendo en ropa interior – se sonroja al relatarlo- y ya no sentía vergüenza”, recuerda orgullosa sobre esa etapa en la que sintió que la generación de contenido para redes la llevó a soltarse.Lejos de ser un obstáculo, la pantalla pasó a convertirse en un puente hacia una comunidad que hoy la reconoce como una influencer con propósito, capaz de transformar un ‘no sé qué ponerme’ en un acto de autoafirmación, a la par que genera valor con los diseños de autor y el trabajo minucioso de emprendedoras locales.Repasando su camino, sobresale que fue precursora en variedad de propuestas e ideas, hoy naturalizadas en el ambiente, señalando el camino para quienes vinieron después. “Cuando terminó la pandemia me sentí muy unida con las emprendedoras. Entonces, cuando se habilitó la primera feria, ellas me invitaron. Mi forma de agradecerles la invitación y los productos que me enviaban fue comenzar a hacer reseñas. Empecé a mostrar en mis redes lo que ellas hacían en sus stands y el vínculo se fortalecía. Así estuve unos cuantos meses hasta que aparecieron muchos a hacer lo mismo y me retiré”, relata respecto al compromiso sellado con su comunidad de seguidores tanto como con su red de mujeres que, como ella, traducen su pasión en acción.  Su perfil de influencer creció vertiginosamente y mereció, además de populares reconocimientos, que la convocaran a ser la embajadora de un afamado shopping local en la Semana de la Moda en Buenos Aires. Cuenta que fue una posibilidad única para definir su rumbo y la puerta de entrada a un sinnúmero de oportunidades que se le fueron presentando tanto bajo la marca de ese centro comercial como en las tiendas de marca de alcance nacional.Tras combatir internamente algunos prejuicios con el concepto de influencer, insiste en que se dio sin pensarlo. “Prefiero referente”, dice, aunque entiende que lo que hace con sus redes hoy se conceptualiza con ese criterio anglosajón. Durante algunos años tuvo un colaborador para la gestión de contenidos con quien se entendía a la perfección y le sirvió de guía y aprendizaje conjunto. “Me daba mucha seguridad y delegué toda la tarea”, recuerda. “Cuando se mudó, me costó pero me obligo a recuperar mi espontaneidad, mi manera de decir y mis conocimientos, todo eso que sin ser perfecta ni nada me trajo hasta el lugar que estoy” cuenta esta mujer que aprendió a mirarse con todos los sentidos.El trabajo con las redes sociales, como sucede en muchos casos, requiere generar contenidos, revisar métricas, analizar comentarios, responder demandas, entre otras cosas. Vale asegura que difícilmente vuelve a ver un video suyo porque es muy perfeccionista y podría involucrarse en un viaje sin retorno si busca cambiar algo. Su pareja Agustín es quien, además de ayudarla a veces como fotógrafo o filmmaker, le pone algunos límites. “Me sugiere que me ponga horarios, me baja a tierra”, subraya en la vertiginosa carrera de riesgo de dependencia total. Vale asevera que no imaginó jamás ser creadora de contenidos y tener tantos seguidores. “Se dio así”, y su mirada de ilumina por lo que estas herramientas significan en su carrera. “Soy recontragradecida de las redes porque me dieron la posibilidad de que me conociera más gente, de más trabajo. Por un lado, está la fidelidad de mis clientas, pero el hecho de ser más visible es solo gracias a las redes sociales”.Del networking a la propia feriaEse vínculo con el ecosistema emprendedor terminó por decantar en un proyecto que marcó un antes y un después: Entre Chacras. Pero antes de organizar, Vale probó el otro lado del mostrador. Junto a su amiga Karina, comenzó vendiendo accesorios. “Yo hacía el apoyo psicológico”, bromea sobre esa etapa en la que Karina ponía la mano de obra y Vale el diseño y la charla social. Esa experiencia como feriante le permitió ver lo que faltaba: un plan que no fuera solo ir a comprar, sino un festival que incluyera a la familia, música, comida y aire libre.Con una lealtad inquebrantable, llevó el concepto a General Roca, un lugar donde aún no existían eventos de ese tipo. Entre Chacras creció de forma explosiva, transformándose en un fenómeno que convocaba multitudes atraídas por la experiencia, la variedad de productos y el espíritu festivo. «Nos llevó puestas», reconoce hoy al recordar la masividad del último de sus eventos.Sin embargo, el éxito de convocatoria no siempre se tradujo en rentabilidad. Vale aprendió que gestionar un evento de tal magnitud requería equipos que no tenían y que el contexto a veces no estaba listo para un modelo gratuito pero de alta producción. Finalmente, priorizó lo más valioso: su amistad con Karina. Ante el riesgo de que la tensión del negocio afectara el vínculo, decidieron cerrar el ciclo. «Me sentí aliviada», confiesa, entendiendo que haber pasado por Entre Chacras fue su gran escuela de gestión y la confirmación de que, aunque hoy elija no hacerlo, tiene la capacidad de crear espacios que dejan huella. “¡Cuántas cosas que hice!”, expresa admirada de su propia historia que repasa en un rincón del shopping que le sienta de escenografía casi perfecta. La búsqueda permanente y el camino de libertadHoy, Vale Daposo habita múltiples facetas con la naturalidad de quien ha dejado de pelearse con sus contradicciones. Sigue siendo empleada pública desde hace 20 años, pero lejos de la quietud administrativa, vive en una renovación constante. A pesar de ser una referente consolidada en la zona, la sombra de la inseguridad a veces aparece: «¿A quién le puede importar esto?», se pregunta ante proyectos que aún descansan en borradores. Uno de ellos es transformar las propuestas para el Día de la Mujer, reemplazando el bombón o la rosa por herramientas útiles de imagen personal; o invitar a repensar el concepto de uniforme en las empresas. Aunque asume que está lejos del mundo corporativo, se arriesga y afirma que le “encantaría hacer propuestas que hagan sentir cómodas a las personas, porque eso influye en se presentan al mundo», proyecta con entusiasmo.En este camino que no está libre de obstáculos, su red de contención es inamovible. Además de su pareja y amigas, sus padres son sus fans número uno. Aunque su papá soñaba con una profesión más estándar y durante mucho tiempo vio la asesoría como un hobby, hoy el orgullo le desborda en amorosos mensajes que a Vale la «parten al medio» de emoción. Su mamá, por su parte, es su embajadora más fiel, relatando sus logros a cada amiga que de sus clases de pileta o gimnasia. «Los siento muy compañeros», dice con gratitud.Sobre su pecho, tiene una palabra tatuada que funciona como norte: ‘Libre’. Es un concepto que conquistó a fuerza de coraje y valentía, especialmente en la última década. «Vestirse es revolucionario cuando se hace con propósito», sentencia. Para ella, la libertad no es la ausencia de reglas, sino la capacidad de despojarse de la mirada ajena para abrazar la propia.A los 50 años, Vale Daposo se reconoce en su mejor momento, aunque paradójicamente considere que su cuerpo no responde a las costumbres de otros tiempos. Es la victoria de la identidad sobre el envase. «Amigarme de verdad con mi cuerpo fue lo mejor del último tiempo. No me importa nada, me siento mejor que nunca». Hoy, ya no pide permiso en el kiosco de la infancia; hoy, Vale Daposo camina libre, vestida de sí misma, inspirando a otras mujeres a que se animen, por fin, a mirar su propio reflejo y a encantarse.

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