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La Liga y la tradición de la sorpresa



¿Existe algo así como la tradición de la sorpresa? ¿Es eso posible? Se supone que la sorpresa tiene que ver con lo imprevisto, con el salirse de los parámetros habituales, incluso con la novedad. A la inversa, la tradición tiene que ver con la repetición, con la rutina, con la previsibilidad. Esas dos palabras -tradición/sorpresa- no están hechas para convivir, para usarse juntas, para hacer sentido. Si se las usa, en general, es para que se contradigan, se combatan: si hay sorpresa, no puede haber tradición. Si hay novedad, no puede haber previsibilidad. Es algo del más puro sentido común. Pero, ay, el fútbol vernáculo poco tiene de sentido común. Porque ocurre que en el fútbol argentino, en su campeonato, ya se puede hablar de tradición de lo imprevisto, de la repetición de la sorpresa. Inclusive un articulo parecido a este ya fue escrito por mí a la misma altura del campeonato anterior, y otro igualmente parecido ya fue escrito en el campeonato anterior al anterior. Vayamos al grano: en estos campeonatos cortos, con cualquier cantidad de partidos entre semana, con equipos que se terminan de armar cuando ya pasó un tercio del torneo, cualquier equipo puede ir primero, cualquiera puede clasificar entre los 8 mejores y, sobre todo, cualquiera puede salir campeón. Jugadas ya seis fechas, el grupo A está liderado por… ¡Instituto de Córdoba! Y segundo va Gimnasia de Mendoza (junto a un juvenil Vélez). En el grupo B, primero va Argentinos Juniors, lo que es algo relativamente esperable (todos sabemos que Argentinos juega bien, y también todos sabemos que le cuesta coronar), pero segundo va… ¡Sarmiento de Junín! (y tercero, Tigre). ¡Es la tradición de la sorpresa! Porque año a año se hace cada vez más difícil prever al menos cuáles equipos se van a meter entre los primeros ocho. Al día de hoy, están fuera de los ocho clasificados: Boca, San Lorenzo, Independiente, Racing y, por supuesto, River (que va anteúltimo). Es decir, los cinco grandes, afuera. Afuera, siempre al día de hoy, también equipos que siempre dan pelea como Estudiantes de la Plata y Lanús. Podríamos entonces volver a la pregunta que nos hacíamos el año pasado y el otro: esta imprevisibilidad del campeonato argentino, ¿es el resultado de un aumento del nivel de juego del fútbol argentino o, al contrario, una muestra de su chatura? La dificultad de un equipo para marcar la época (marcarla más o menos, no estoy esperando algo como el Ajax de Cruyff…), expresa tanto lo impredecible del asunto como la falta de un alto nivel de juego. Por supuesto que la principal responsabilidad la tienen los equipos grandes, en especial, River y Boca. Que ambos no vayan primero, con mucha ventaja, con los jugadores que tienen y la guita que gastan, es sintomático de la falta de jerarquía del campeonato. Pero a la inversa, este emparejamiento hacia abajo vuelve todo más apasionante (no me animaría decir “más interesante”, pero sí más atrapante). Me imagino a los hinchas de Sarmiento de Junin o a los de Gimnasia de Mendoza: para ellos todo debe ser alegría.

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