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Lo real: espesa selva | Perfil

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En La separación se confirma una poética narrativa que desde hace años viene afinándose y afianzándose hasta alcanzar un notable registro de precisión: una escritura que hace de la observación minuciosa y del detenimiento en lo aparentemente banal una forma de indagación en las zonas más opacas de la experiencia afectiva. Si algo distingue a Martín Kohan en el campo literario argentino contemporáneo es, justamente, esa capacidad para sostener una voz narrativa reconocible, austera y a la vez incisiva, que encuentra en la economía expresiva su mayor potencia. La potencia de poder narrar con una decisión quirúrgica el aleph de los vínculos amorosos. La novela relata el viaje de Fernando hacia La Paz, un pueblo de Córdoba, donde se reencuentra con su hermano Juan Pablo, recientemente separado de Rosario. Este desplazamiento geográfico –tan caro a la tradición novelística– funciona menos como peripecia que como dispositivo de distanciamiento: un corrimiento que permite observar, casi bajo una lente microscópica, los restos emocionales de una ruptura: el margan balbuceante de la crisis amorosa y su declinación en el sufrimiento y la angustia. Fernando, a su vez, atraviesa un impasse en su vínculo con Natalia, de modo que la separación del otro reverbera como una posibilidad latente en sí mismo. Así, la novela construye una red de resonancias donde lo individual se duplica y se desplaza, en una suerte de juego especular. Resulta evidente que Kohan trabaja sobre una poética de la elipsis: lo no dicho, lo apenas insinuado, adquiere una densidad semántica que desplaza el eje del relato desde la acción hacia la percepción. En este sentido, cabe señalar que la novela pone el foco en los detalles mínimos: Kohan observa y describe sin recurrir a la exageración, confiando en que es en los matices y en los intersticios donde se cifra el verdadero espesor de la experiencia. Parafraseando: la espesa selva de lo real. La escritura se organiza, entonces, como una ética de la contención: decir poco para sugerir mucho.

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Uno de los aspectos más logrados de La separación es su juego de voces. Sin caer en experimentaciones estridentes o chabacanas, Kohan despliega una polifonía sutil donde los registros se deslizan y se contaminan. La narración no se clausura en un punto de vista único, sino que habilita un vaivén que complejiza la percepción de los hechos. Este procedimiento, lejos de ser meramente técnico, refuerza la idea de que toda separación es también una disputa por el relato: quién cuenta, desde dónde, con qué palabras. No obstante, aun reconociendo la solidez de esta propuesta narrativa, cabe señalar que quien escribe estas líneas sigue encontrando en el Kohan ensayista un filo conceptual más agudo. Allí donde sus ensayos despliegan una intervención crítica más explícita, la ficción parece optar por una retirada estratégica hacia lo mínimo. Pero sería injusto leer esta elección como una limitación: en La separación, esa renuncia a la grandilocuencia se vuelve, precisamente, su condición de posibilidad. La separación Autor: Martín Kohan Género: novela Otras obras del autor: Dos veces junio; Fuera de lugar; Cuentas pendientes; Ciencias morales; Bahía Blanca; Me acuerdo; Argentinos, ¡a las cosas!; Los cautivos; Confesión; Desvelos de verano Editorial: Anagrama, $ 35.000

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